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Cuando todo esto pase

"Lo peor de la peste no es que que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso". - Albert Camus, en su libro "La Peste".

Cuando todo esto pase seguramente, algunos habrán cambiado, otros tan solo se habrán asustado un poco y una vez pasado el susto volverán a sus miserias. Tampoco le podemos pedir todo a un virus, que transforme en buena gente a los que nunca hicieron otra cosa más que mirarse el ombligo y cagarse en el resto de la humanidad y no solo cagarse sino aprovecharse del trabajo ajeno, usufructuar el sacrificio de los otros, parasitar el esfuerzo de los demás, esa minoría que se cree dueña del cielo y la tierra y que es justamente la que nos trajo de sus vacaciones este bonito souvenir.

Por Sebastían DeFerrari

Pero seamos un poco optimistas en tiempos oscuros, en definitiva es la obligación de todo militante. Pensemos que cuando todo esto pase seremos mejores, habremos descubierto el valor de la libertad, pequeña e imperfecta como la conocemos, pero libertad al fin, nos daremos cuenta de que la privación de ese derecho es un castigo más que suficiente y que es injusto y mucho más innecesario añadirle otras vejaciones. Entenderemos que, aunque parezca una verdad de pedrogrullo no todo se compra, algunas cosas no tienen precio, su valor que no entiende de mercados.

Entenderemos que es fundamental para ser una sociedad justa establecer un ingreso indispensable, olvidando las políticas neoliberales y recordando los socialismos y el valor humanitario de nuestra civilización, tal como dijo Bayer hace mucho tiempo, no existe la democracia en una sociedad donde hay gente que muere de hambre.

Entenderemos que en lo único que se parecen la riqueza y pobreza es en que ambas son obscenas, pero que el problema con el que hay que acabar no son los pobres sino los ricos, que son quienes los generan, los necesitan y los perpetúan.

Aprenderemos cuánto valen las personas que se dedican a servir a los otros, médicos, enfermeros, empleados de limpieza, productores de alimentos, transportistas, maestros y a su vez que poco valen los futbolistas.

En una de esas aprenderemos que el Estado presente, con sus deficiencias a cuestas, es infinitamente superior a la “mano invisible del mercado” y será tarea para casa comprometerse y participar y entender que no solo hay que votar cada 2 años y después mirar la tele, porque el Estado somos todos, aunque algunos desmemoriados o cómodos hayan olvidado la primera lección de la educación cívica.

Aprenderemos a valorar el abrazo, el beso, la mirada cariñosa, unos mates con los que queremos y una comida acompañados. Pero también aprenderemos que lo primero es poder vivir con uno mismo, sin necesidad de espejismos ni distracciones vanas, que estamos solos pero que también, aunque sea contradictorio en el último escalón de la desesperación solo quedan los afectos.

Aprenderemos que E.E.U.U solo salva al mundo en la ficción y que Cuba, pobre isla abandonada, es el ejemplo vivo de la dignidad y de solidaridad a pesar de miles de intentos por destruirla y demonizarla, porque claro, no es un buen ejemplo para el capitalismo.

Aprenderemos, en una de esas, si tenemos un poco de suerte, que nadie se salva solo y que, en medio del egoísmo y las bajezas de algunos, aunque puedan decirme que exagero o que hay que deconstruirnos del romanticismo, en definitiva, si hubiera que resumirlo en una sola frase, como siempre, como ante cada acto tremendo y definitivo, como ante cada momento de tragedia lo único que nos va a salvar es el amor.

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