Nunca más morir

Me pierdo en un laberinto miserable y siento una convicción brotar desde un lugar desconocido ; una convicción que se disfraza bajo mis párpados mojados y poseída por un grito que derrocha verdad se despide en lágrimas rebelando un síntoma perenne que retumba hasta en mis muelas con más preguntas que respuestas.

Por Mauro Elizondo

Escuché el último grito y ahora oscilo silencios oscuros, pero mi alma se niega a descansar tan temprano por haber estado en el lugar equivocado en el momento menos oportuno. Bordeando al olvido, pero aún no sumergido en él, quise escupir las miserias que me ofrecían.

¿Acaso no temen corazones pétreos que todos sepan que por dentro están llenos de mierda los culos que todos reclaman?

¡Ah! Pienso en la viejita, pienso en la vieja y quisiera contarle que no se adonde estoy, pero los días pasan y solo me consuelo con sus besos invisibles, pero vuelvo, bajo de fantasías  y quiero gritar pero el hálito es pálido, mortecino ¡Ah! Y me atacan los temblores y las pesadillas, como anoche y aquel sueño horrible en que era tan solo una sombra de un mundo olvidado y antes que fallezca el día tenía que aferrarme a algo para no ser invisible.

Empezaba a caminar por una ciudad gris y fría con aguas contaminadas (eran sus lanchas de motores fundidos). De repente veía luces, a lo lejos y desesperado me infiltre en un aposento paupérrimo donde había una fiesta de seres uniformados. Con cautela bebí de sus copas envenenadas para que ardan todas las llagas que creía olvidadas y ebrio de dolores repentinos y mareos, vomité entre tambaleos, sin descuido su lustrado piso.

Una bota oscura quedó manchada << ¡¡Un forastero!!>> Gritaron y me expulsaron de la fiesta, pero el vómito quedó ahí, toda la noche, indeleble, nadie pudo sacarlo. Casi resignado y con el último impulso de un alma indócil forme ilusoriamente moléculas que con cada lágrima iban dando espesura a un hombro en el que podía llorar y a un oído que me iba a escuchar eternamente.

Me di cuenta que no era un sueño, así que caí rendido a esa fantasía y a eso me aferre, para ya nunca más sentirme olvidado… para ya nunca más morir.

Nunca más morir

Me pierdo en un laberinto miserable y siento una convicción brotar desde un lugar desconocido ; una convicción que se disfraza bajo mis párpados mojados y poseída por un grito que derrocha verdad se despide en lágrimas rebelando un síntoma perenne que retumba hasta en mis muelas con más preguntas que respuestas.

Por Mauro elizondo

Escuché el último grito y ahora oscilo silencios oscuros, pero mi alma se niega a descansar tan temprano por haber estado en el lugar equivocado en el momento menos oportuno. Bordeando al olvido, pero aún no sumergido en él, quise escupir las miserias que me ofrecían. ¿Acaso no temen corazones pétreos que todos sepan que por dentro están llenos de mierda los culos que todos reclaman?

¡Ah! Pienso en la viejita, pienso en la vieja y quisiera contarle que no se adonde estoy, pero los días pasan y solo me consuelo con sus besos invisibles, pero vuelvo, bajo de fantasías  y quiero gritar pero el hálito es pálido, mortecino ¡Ah! Y me atacan los temblores y las pesadillas, como anoche y aquel sueño horrible en que era tan solo una sombra de un mundo olvidado y antes que fallezca el día tenía que aferrarme a algo para no ser invisible.

Empezaba a caminar por una ciudad gris y fría con aguas contaminadas (eran sus lanchas de motores fundidos). De repente veía luces, a lo lejos y desesperado me infiltre en un aposento paupérrimo donde había una fiesta de seres uniformados.

Con cautela bebí de sus copas envenenadas para que ardan todas las llagas que creía olvidadas y ebrio de dolores repentinos y mareos, vomité entre tambaleos, sin descuido su lustrado piso. Una bota oscura quedó manchada << ¡¡Un forastero!!>> Gritaron y me expulsaron de la fiesta, pero el vómito quedó ahí, toda la noche, indeleble, nadie pudo sacarlo.

Casi resignado y con el último impulso de un alma indócil forme ilusoriamente moléculas que con cada lágrima iban dando espesura a un hombro en el que podía llorar y a un oído que me iba a escuchar eternamente.

Me di cuenta que no era un sueño, así que caí rendido a esa fantasía y a eso me aferre, para ya nunca más sentirme olvidado… para ya nunca más morir.

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