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El atentado

Fragmento del libro de Ariel Maximiliano González, "YO SOY ARIEL", cartonero/reciclador y escritor de Villa Itatí.

“Yo soy Ariel” narra la vida y los sueños para zafar del paco es un libro que escribió Ariel en el año 2016, una forma que tuvo él para enfrentar la difícil situación que vivió con la droga más terrible, el paco.

Por Ariel González

No son bombas ni granadas, es una química más liviana para los que no la ven; para los que la vivimos es muy pesada, y el terrorista número uno es el paco. Este terrorista se infiltra en las villas, castigando sin piedad y avanzando sobre sus víctimas: buenos jóvenes argentinos que fueron cayendo en forma progresiva y propagando el consumo de esta mortal arma química. Pero a nadie le importa; solo a la familia.

En algunos casos las familias bajan los brazos, pero si las madres son insistentes y están dispuestas a llegar hasta las últimas consecuencias tienen como elección internar a sus hijos en granjas de rehabilitación y participar en charlas con especialistas en adicciones: no tienen la menor idea de la enfermedad que padecemos los consumidores de paco. Es mucho más que una adicción, es autodestrucción, no es tener ganas de fumarse un porro o tomar merca, ¡Ni siquiera lo comparten!

Traigo como ejemplo la villa Itatí del partido de Quilmes en la que se vivía tranquilo en el año 2000…

En el 2004 se recibió el primer atentado. Pero a nadie le importó que unos pocos se llenaran los bolsillos de plata gracias a detonar esta bomba, la más destructiva: el paco.

 Ahora estamos en el 2012… El atentado dominó todas las villas de Buenos Aires y gran parte de la Argentina, está en todos los pasillos de todas las villas y los que lo venden al menudeo hoy son los que pisan fuerte el asfalto. No quiero pensar en los que tienen grandes cantidades.

¿A cuántas víctimas más les espera todo este horror?

El paco está firme entre nosotros y se lleva buena parte de la juventud argentina. ¡Qué pena!

Contra esto no puede nadie.

 Esto tiene como nombre “droga” y existe para que se llenen de plata unos pocos, que hasta se dan el lujo de abrir más centros de rehabilitación y más CPA (Centros de Prevención de Adicciones), como un beneficio más que financia el paco, entre otros: el que junta las sobras de las drogas, el que cocina, el que la lleva, el que la arma y el que la vende. Un verdadero negocio para unos pocos y una destrucción al instante para muchos, los que consumimos.

 A veces pienso que mataron a un montón de personas en la dictadura militar, y a muchos los tiraron al fondo del mar. Nosotros somos muchos más y estamos viviendo lo peor de lo peor; los muertos están descansando, nosotros estamos en la villa, intoxicados, dominados, sin salida para ningún lado y sufriendo día a día tener que consumir esta porquería. Estaríamos mejor en el fondo del mar. Somos miles de jóvenes padeciendo este atentado y uno de ellos soy yo.

Hoy estoy “bien”, con la tranquilidad de volver a caer. Caí y me levanté muchas veces. En cada caída, perdía en un día lo que me había costado cien días lograr. Lo insólito es que no hay nadie que le gane. ¡Cuidado! Cuidado, no te metas.

Escribir lo que siento me ayuda a superar momentos de abstinencia. No siempre, pero lo intento.

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