Opinion

Robar un celular: ¿Cárcel o trabajo?

Un pibe de 15 años trató de llevarse un celular. Lo agarraron.

Sebastian Deferrari

El 17 de Abril sucedio un hecho que terminó de una manera poco esperada, en bar de Las Cañitas, un joven de 15 años entró a vender bolsas de residuos pero terminó intentando robar un celular.

El dueño del bar donde sucedió, se conmovió con la escena. Un chico, muy flaquito, poco pillo para este tipo de maniobras, que se puso a llorar apenas lo agarraron y que dijo que lo había hecho para comprar comida.
La estigmatización de miles de pibes que no tuvieron y no tendrán jamás una oportunidad, que no pudieron ir a la escuela, que tienen poca contención y que no tienen para comer, es el discurso hegemónico en los medios masivos de comunicación. Las personas son mercancías y sus actos, su situación, sus vidas se deshumanizan, simples productos.

Simplifican, con muchísima mala leche, y para quienes consumen esta “info basura” se hace fácil criticar desde el sillón y con la panza llena. Así llegamos a los linchamientos de un pibe que se roba unas zapatillas, un pedazo de queso o a pedir bombas en las villas y a celebrar el asesinato en cadena nacional y a algunos pesudo-periodistas se atreven a decir “uno menos”.
Por supuestos que la indignación y la furia nunca está dirigida a los que nos roban en grande y de verdad. Los 10 piolas que manejan los precios de nuestra vida, los bancos, las empresas multinacionales o sus propios lideres “ojitos de cielo” que nos saquean y nos condenan a pagar deudas infames de las millonadas que se fugan como si nunca hubieran existido.
Hacen bien su trabajo, eso hay que reconocerlo, dirigen el odio de manera precisa y logran que los verdaderos responsables del hambre, de los pibes que no tienen nada, de tener una sociedad injusta, empobrecida y con hambre pasen inadvertidos.

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Según el dueño del bar: “Un hombre que en ese momento pasaba por la puerta lo tenía agarrado de la capucha y me pedía que no lo suelte, que le iba a venir bien pasar una noche en la comisaría”. Él decidió ofrecerle trabajo, darle un abrazo, una café y unas medialunas.
Hay gente a la que le hicieron creer que a un nene de 15 años hay que meterlo preso, otros creemos que esos pibes y pibas lo que necesitan es oportunidades, contención, divisar algún futuro posible, que alguien alguna vez les tienda la mano, amor.

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