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Chile despertó.

Y las alamedas se abrieron y por allí van los hombres y mujeres de Chile cansados de la burla, el maltrato y el desprecio del sistema a buscar lo que les corresponde, aquí y ahora. Ahora que si los ven.

Por Sebastian Deferrari

“El afán burgués de poner en orden de la locura; el deseo de ayudar y la necesidad de reprimir; el deber de la caridad y el deseo de castigar”. Historia de la locura. M. Foucault

Suponemos que la película “Guasón” ha sido prohibida en Chile. Si los actuales mandatarios, que le han declarado la guerra al pueblo, todavía no evitaron que se vea, sin dudas, tendrá efectos devastadores para su régimen. Conociendo la gran perspicacia y el buen tino de estos “nobles guerreros” creemos que ya deben haber sido alertados del asunto.

La película refleja la cara que tratan de ocultar del sistema capitalista y es ineludible relacionarla con la situación actual de Chile, parece estar contando el aquí y ahora del estallido reciente de esa sociedad.

El guasón es la figura que encarna a los que sobran, los millones de sujetos descartables que formamos parte del tremendo engranaje de la máquina de picar carne.  Este payaso que no hace reír a nadie, es decir que fracasa hasta en aquello que es su función, representa al “monstruo” que ha generado el capitalismo, un ser alienado, arrojado a los límites del sistema (y de la cordura), parece más un equilibrista que un payaso. Vive en una soledad casi absoluta con un único vínculo que lo une al mundo, su madre, y una vez que este hilo se corta su camino de destrucción (para renacer en otro nuevo) será irreversible.

El protagonista es bastardeado por los “ganadores” de este juego, para el que parece no estar preparado y por lo tanto es objeto de la burla y la ridiculización que lo llevan a la desesperación. Su existencia solo toma entidad a través de un crimen, es decir a través de la transgresión y la desobediencia. No es un detalle menor el tema de la visibilidad de la que da cuenta el personaje, es algo crucial en tiempos de exposición permanente, donde la imagen se banalizó y se endiosa a la vez (misteriosamente), la imagen que se mira, pero que no se ve.

Uno de los cantos insignia de la revolución feminista dice: “Ahora que si nos ven”, y refiere a esto, a atravesar esa supuesta inexistencia, que no es una cosa menor sino el paso fundacional de cualquier movimiento que viene a reclamar derechos.

La masa trabajadora de Chile ha sido invisibilizada por más de 45 años, sepultada bajo estadísticas de un modelo neoliberal que construyó la sociedad más desigual de Latinoamérica (por afano) y que está entre los 10 países más desiguales del mundo. Millones de chilenos salieron a la calle para decir que no se aguanta más, hartos de ver padecer a sus padres, a sus hermanos, a sus hijos las injusticas de un sistema que no reparte de manera equitativa las riquezas y las posibilidades de desarrollo de su país.

Chile, como una gran Ciudad Gótica, ha emprendido un  camino imposible de desandar, allí donde se engendró el neoliberalismo para América Latina, allí deberá morir.

Tenía razón, siempre la tuvo, el gran Salvador: “Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!

Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición”.

Y las alamedas se abrieron y por allí van los hombres y mujeres de Chile cansados de la burla, el maltrato y el desprecio del sistema a buscar lo que les corresponde, aquí y ahora. Ahora que si los ven.

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