Valentina tenía 18 años, vivía en el barrio de Güemes de la Villa 31, el 15 de Octubre del 2026 su vida llegó a su final por culpa de la negligencia médica en varios hospitales. Sufrió cuatro paro cardiorrespiratorios.

Ahora su familia y el barrio entero pide Justicia para que no haya ninguna Valentina más por culpa de la negligencia médica y el colapso de los hospitales.
Ella fue tanto a la guardia del Hospital Rivadavia (en donde la primera vez no la atendieron porque la demora era más de 6hs y la familia decidió ir a otro Hospital), también el Hospital Fernández, y luego al Sanatorio Güemes, en ninguno de los tres hospitales, siguieron el protocolo básico de intentar escuchar y llegar al origen del dolor de la paciente. Incluso este último solo le quisieron hacer un estudio que no tenía que ver con su dolor para “dejar asentado que hicieron algo”, pero comentando de manera verbal a su padre que lo que realmente debería pagar era una atención psicológica para su hija.
Tanto en el Sanatorio Güemes como en el Fernández, los médicos solo hacían referencia a algo “mental”, diagnosticaron “ataques de ansiedad”, también la derivaron a psiquiatría, le dijeron que volviera a su casa, le dieron clonazepam de nuevo le decían que vuelva a su casa, minimizando su dolor, su angustia, el pedido de auxilio, el acompañamiento y los pedidos de súplica de sus padres Romina Shcheffar y José Luis Zurita que fueron registrando cada paso y cada acción por todos los hospitales a donde llevaron a su hija para intentar calmar el dolor que ella sentía.
“Papi insistí un poco más, el dolor no me deja dormir” le dijo Valentina a su papá. Para que los médicos le den una solución más allá de la atención psicológica.
Valentía era la hermana mayor de las mujeres, ella era más de su casa, más familiera, incluso nos sorprendió que haya venido tanta gente a despedirla, porque siempre estaba en casa, porque para ella lo fundamental era la familia.
Su padres atravesados por el dolor, pero de pie para el pedido de Justicia, recuerdan cómo sucedió todo tan rápido todo: desde el martes no dormíamos, ella sin dormir, de guardia en guardia para que la atiendan, ella lo único que hacía era contar del dolor del pecho, llorar y rascarse.
El médico decía que eso era “el síntoma de ansiedad”. La psiquiatra la médico sin consentimiento, mi hija no entendía nada, ella ya estaba deshidratada y los médicos no le hacían nada, solo la mandaban a terapia. Nos querian hacer creer que nuestra hija estaba loca.
El diagnóstico final que encuentran en Valentina es cetoacidosis diabética. Algo que se podia preveer con un atención minima adecuada. Si algunos de los médicos hubiera hecho el procedimiento correspondiente otra seria la historia de Valentina y su familia.
La familia está organizando a una marcha pacífica para reclamar Justicia por Valentina, porque no solo fue un médico, sino varios de distintos hospitales diciendo “que no tiene nada físico que solo es una cuestión mental”.
Valentina ya no está, pero su familia, sus amigos y el barrio seguirá reclamando, para que nunca más vuelva a suceder algo asi.











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