El pasado viernes 1 de mayo, el Licenciado en Enfermería Modesto Alvarado presentó «Pandemia: diario de un enfermero», una crónica íntima sobre el colapso en la guardia médica. A partir de estas vivencias, el profesional reflexiona sobre el sistema de salud porteño y la organización comunitaria, con una convicción innegociable: «El pulso me tiembla y pienso desde el Carrillo y brillo desde el Carrillo».
Por Mario Canaviri
La 50° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se desarrolla desde este jueves 23 de abril hasta el 11 de mayo en el predio de La Rural. Como cada año, el evento reúne a escritores, editoriales y lectores de todo el mundo. Sin embargo, en esta edición histórica, la programación cultural sumó una voz que rompe el molde: la de un trabajador de la salud de Villa Soldati que documentó la trinchera desde adentro.
La presentación oficial de la obra se llevó a cabo el pasado viernes 1 de mayo en el Stand 105 del Pabellón Azul. Llevar la voz de los trabajadores esenciales a este evento internacional es, para Alvarado, una victoria colectiva y un aporte militante. Nacido en Tupiza (Bolivia) y forjado como vecino con compromiso social en los pasillos de Villa Fátima (Soldati), el enfermero transformó las noches más duras del Hospital Durand en un diario íntimo de supervivencia literaria. Que un libro escrito desde el interior de la guardia de un hospital público, por un autor de un barrio popular y migrante llegue a la Feria en su cincuentenario, demuestra que las historias villeras también ocupan los grandes escenarios.
El impacto en La Rural: poesía desde el infierno y orgullo migrante
El paso de Alvarado por los pabellones de Palermo no pasó desapercibido. Al ser consultado sobre lo que significa llevar la identidad boliviana y villera a un espacio históricamente alejado de los barrios populares, el enfermero es contundente: «Un orgullo enorme, siempre pongo el cuerpo y mi historia, nuestra historia me antecede, es inevitable. Pero siento que todas y todos desde donde estamos nunca tenemos que quedarnos quietos ni por las improntas racistas ni por las etiquetas sociales».
Esa resistencia se trasladó al mano a mano con los lectores. «A donde estemos, a donde vivamos nunca dejamos de ser seres humanos y debemos defender el derecho a ser y existir. Esas son mis fortalezas a la hora de hacer lo que hago, porque lo valgo, lo valemos», afirma.
La sorpresa del público al toparse con su obra fue total. Alvarado relata que, en el stand, la gente experimentó «una percepción de algo novedoso cuando preguntan quién lo escribió. Me presento como Licenciado en Enfermería… y ahí se sorprenden, cómo alguien pudo transcribir o hacer literatura desde el infierno mismo». Pero el impacto mayor llega al abrir las páginas: «Cuando leen el libro y ven que también hay poesía la sorpresa es mayor: ‘cómo es posible hacer poesía desde el piso del dolor y la muerte’… pues yo lo hice y eso marca la diferencia entre otros autores, y ese es uno de los atractivos del libro».
La realidad actual: el sistema 147 y las barreras laborales
Sin embargo, esta obra no solo relata el pasado. Para el profesional boliviano, recordar la crisis sanitaria y la desesperación de un sistema colapsado sirve como punto de partida para entender el presente. Desde su doble condición de trabajador y habitante de la zona sur, analiza problemáticas urgentes.
Alvarado señala que, si bien gran parte del personal que sostiene el sistema de salud porteño proviene de barrios populares o es migrante, existe una discriminación sistemática. «Muchos para conseguir empleo figuran con otra dirección porque hay instituciones que hacen un estudio socioambiental y entonces no te toman si das una dirección de una villa», denuncia.
A esta barrera laboral se suma la barrera de acceso a la salud para los vecinos, materializada en el sistema de turnos 147. «El problema del uso de tecnología digital por parte de nuestros gerontes no está en la agenda política de nadie, el gobierno pone una línea telefónica de turnos y ahí murió todo», advierte, y agrega que esta política termina siendo un filtro territorial: «Aquellas personas que no tienen la dirección en CABA no van a poder conseguir turnos porque la política de Macri es excluir a extranjeros».
El contraste: el hospital y la organización barrial
En su libro, el testimonio de Modesto también derriba el discurso de los grandes medios de comunicación, que durante la pandemia solían acusar a los vecinos de las villas de romper el aislamiento.
Mientras que en el Hospital Durand el equipo médico hacía un esfuerzo sobrehumano —«comenzamos las protestas por la falta de insumos, salimos a pedir donaciones por las redes sociales, y el ritmo de trabajo se multiplicó por mil»—, en su barrio la realidad era de una profunda responsabilidad comunitaria.
«El contexto de vivir en un barrio carenciado fue favorable, porque epidemiológicamente hablando todos los vecinos adhirieron muy bien a los protocolos de cuidado, como la higiene de manos, algo tan esencial», explica. Además, destaca el rol fundamental de las ONG locales ante la ausencia del Estado: «Fue admirada internacionalmente la organización y las redes comunitarias que se pusieron al hombro el seguir brindando alimento a sus vecinos». Su conclusión sobre este contraste es directa: «En consecuencia, en la villa la pasé mejor».
La escritura como militancia histórica
La edición de «Pandemia: diario de un enfermero» no es un hecho aislado. «El libro es como una parte más de mi vida como militante político», afirma Alvarado, quien relató un historial de cuatro décadas de participación vecinal en Villa Fátima, desde la gestión de transporte escolar hasta el asesoramiento para migrantes. Con la presentación en la Feria ya concretada y mirando hacia el futuro, Modesto deja un mensaje final que cruza a las nuevas generaciones con su amado territorio: «Sé que es posible hacer militancia porque eso significa tener conciencia y no quejarse solamente con la almohada. Jóvenes, salgan a vivir la vida y a darle brillo».











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