Fernando Muñoz creador del “Retiro Boxing Club” ubicado en la Terminal de Ómnibus de Retiro.
Fernando es Director Técnico Nacional de Boxeo desde el año 2000, pero sus primeros recuerdos con este deporte en se mezclan con instantes de realidad en donde él desde muy chico ya le pegaba a la bolsa: una bolsa artesanal, que le habían colgado en un árbol del patio de su casa, ya que su familia de clase trabajadora, no tenían recursos necesarios para poder comprarle una como las tantas que tiene ahora en su propio gimnasio “Retiro Boxing Club”. Ubicado en la Terminal de Ómnibus de Retiro.
Él cree que le pegaba horas, pero comenta que los recuerdos se distorsionan con el paso del tiempo, lo que sí queda es la amplia sonrisa con la cuenta esa anécdota en dónde se ve a sí mismo haciendo algo que lo acompañaría toda la vida. Desde niño para él los superhéroes no eran Superman ni Batman, sus ídolos siempre fueron Monzón, Galindez o Bonavena personas extraordinarias que él veía por la tele practicando un deporte real.
El primer deporte que empezó a practicar a los 14 años fue el de “Artes marciales». Pero a su maestro que a lo largo de los años se transformó en amigo le gustaba mucho el boxeo y empezaron también a hablar y a juntarse para ver distintas peleas. Y luego tambien empezo a entrenar.
Desde la adolescencia Fernando con cada acción y decisión iba lentamente construyendo una vida en donde el deporte sería central, sin importar el rol que le tocaba ocupar. En estos primeros recorridos el empezó a “ayudar” a su maestro en las clases que brindaba, a veces ayudando a quien recién se sumaba, asistiendo a los compañeros e incluso reemplazandolo cuando fuera necesario. Rapidamente iba recibiendo el agradecimiento y el respeto que le tenían sus propios compañeros que lo empezaban a ver como “profe”. Esos encuentros ayudaron a despertar una vocación docente que lo sigue acompañando.
Después de iniciar varias carreras sin hallarse por completo en ninguna, se decidió a realizar el curso de entrenador en la Federación de Box. Además de formarse con los libros, revistas, o cualquier material que encontrará (aclara esto porque internet todavía no existía y eran lugares o personas muy específicas con las que podía hablar de ese deporte) se dio cuenta que “observando” cada pelea podía aprender mucho más de lo que la gente imaginaba.
Sus salidas de sábados por la noche y sus horarios “libres” se la pasaba yendo a ver peleas en la Federación de Box, veía peleas de todo tipo: conocía a los que entrenadores, sus formas, su manera de acompañar, con el tiempo ya podía imaginar quién podría ganar la pelea, porque también conocía los movimientos y las habilidades de cada boxeador. Cada pelea es diferente porque cada entrenador es diferente, el boxeo es un deporte en solitario, reflexiona.
Fernando no tiene muchas peleas encima, en comparación a su trayectoria, porque nunca vio el boxeo como “una salida laboral» sino que era una disciplina y un espacio que a él lo llenaba y tenía ganas de hacerlo. Sin tantas vueltas.
Paradójicamente lleva años siendo profe de boxeo: en infinitos clubes, gimnasios, pero también entrenando y haciendo coreografías de los combates, donde diferentes actores recrean la vida y las peleas que él ya veía en la tele.
Pero ahora ayudando a llevarlas a diferentes plataformas: una manera de conectar a las nuevas generaciones con los ídolos que él conocía desde su infancia. Como el actor que interpretó a Ringo Bonavena, en la serie de Disney+ o el actor que interpretó a Monzón de la serie de Pampa Films. El objetivo era que cada escena sea lo más fiel posible a lo que él había visto desde pequeño. Y ya desde hace casi 3 años haber inaugurado su propio gimnasio.
El boxeo se convirtió además en un trabajo gracias al cuál pudo cumplir sueños inimaginados: como conocer y trabajar con Almícar Brusa, pero ahora en el Retiro Boxing Club es un espacio donde puede invitar a soñar y acompañar a otros.

Comenta que la apertura del gimnasio: “se dio cuando tenía que ser y donde tenía que ser”. Cuando su amigo le comentó de la locación, él automáticamente pensó: Retiro, la gente que va y viene, los medios de transporte que conectan personas de todo tipo y de todos los lugares.
Creía que sería un lugar para la “gente de paso”, por eso lo primero que hizo fue colocar baños y agua caliente.

El inicio fue limpiando de a poco con la paciencia necesaria que requiere todo lo nuevo, pero con la alegria de empezar un proyecto propio. Y siendo consciente que la empresa concesionaria de la Terminal de Ómnibus le brindo mucho acompañamiento y siguen colaborando para sostener y lograr el crecimiento del proyecto, lo cuál solo le genera mucho agradecimiento porque fue algo que sintió desde el primer día.
El tiempo siguió. La gente de paso llegó: turistas, personas que llegan a la Ciudad de Buenos Aires por trabajo, otros que trabajan por la zona, pero también muchos habitantes de la Villa 31 encontraron un espacio que es mucho más que un gimnasio.
Algo que empezó a notar con el correr del tiempo y no deja de sorprenderlo es el sentido de “membresía” de las personas que van al lugar logran desarrollar, pocas veces lo ha vivido en otro lado de esta manera tan genuina, muchos de los que asisten son personas que viven en la Villa 31, que tienen su vida armada allí pero que incluyeron el Gimnasio también y se apropiaron del espacio. Se encargan de ayudar cuando hace falta, no solo a algún compañero, sino también al Club cuando hacen exhibiciones, se encargan de difundir de boca en boca el espacio. Incluso uno de sus ayudantes, la mano derecha de Fernando que ya se transformó en un amigo es Jonatan Aquino que también vive en el barrio y trabaja codo a codo para que el espacio se pueda sostener de la mejor manera posible, acompañando cada situación.

Es que cualquier deporte genera unión, encuentro y compañerismo, no importa de donde sean y un ejemplo claro de esta conexión fue lo que ocurrió con Brian Vero: un joven boxeador de Avellaneda boxeador amateur a quien se le estaba complicando sostener el entrenar, trabajar y vivir. Casi sin pensar apareció “Percy” uno de los restaurantes de comida peruana más emblemáticos de la Villa 31 se ofreció ser su “sponsor” y también le brindó trabajo, Percy confío, acompaño, y con ese gesto sumó su granito de arena para que Brian pueda seguir trabajando por sus sueños.
El día de su debut profesional llegó y fue en la localidad de Bragado, su pelea se transmitió en vivo por la tele, Brian salió victorioso. Cuando llegan al camarín Brian saca su teléfono y le muestra a su profe el vídeo de que todos los que estaban en el restaurante del barrio estaban viendo su pelea y festejando con él.
Esas situaciones son una de las tantas que Fernando ve y vive no solo como profe de Boxeo, sino como profe de Boxeo en un barrio en donde la comunidad se organiza y se solidariza como puede cuando es necesario.
Para mí la satisfacción y la felicidad de sacar un campeón en el ring que tener un campeón de la vida es la misma, comenta Fernando porque sabe que no todos los que entrenan quieren pelear profesionalmente, pero si todos los que llegan vienen con un objetivo: mejorar su rendimiento, mejorar su calidad de vida, dejar atrás determinados hábitos que resultan dañinos, mantener una disciplina, descarga la energía en una bolsa.
Cada quien tiene su objetivo y acompañarlos en el proceso de lograrlos es un desafío pero también un momento de encuentro y conexión con el otro.
En dónde el profe sabe que todos los que entren por la puerta de su gimnasio “ya sea un juez federal o un pibe del barrio ahí adentro son compañeros y el que tiene la última palabra es el».
En estos años del gimnasio comenta que nunca tuvo que hacer publicidad, ya que la gente venía por recomendación, por el boca en boca dentro del barrio también. Confiesa que se conformó una gran familia, y eso también se ve, todos se saludan, el sabe el nombre de todos, se despide de cada uno, cuentan con un grupo de WhatsApp que usan no solo es para avisos, sino también allí, si alguno tiene un problema lo comenta sabiendo que van a buscar la forma de ayudarse.
Otro ejemplo de esta relación de familia y de que el gimnasio se convierte en la extensión de la casa de los chicos y chicas es lo que ocurre con Mateo G. El va al colegio a la mañana y su mamá se va a trabajar muy temprano y vuelve a la noche, por eso el profe le dice que vaya con los cuadernos al gimnasio para hacer las tareas y entrenar. Tanto el profe como su madre están tranquilos que él pasa más tiempo en el gimnasio que en cualquier otro lugar. Mateo tiene tan solo 14 años y está pronto a sacar la Licencia para debutar en el campo competitivo.
Fernando cree que el gimnasio vino a llenar una demanda que la gente del barrio necesitaba: un lugar donde entrenar. Pero este lugar ahora es también como sentirse como en casa y eso lo llena de satisfacción.
El deporte como herramienta para mejorar la vida de las personas es fundamental no solo la calidad de vida individual, sino también para contrarrestar los niveles de violencia con los que nos estamos acostumbrando a vivir.












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