Por: Dalma Villalba
El Club Social y Deportivo “El Campito” de la Villa 31, se conformó hace casi 25 años con la idea de no ser un Club al que solo le interese ganar cada partido, ya que sus objetivos trascienden ampliamente los intereses deportivos.
Para Julian Wald, uno de sus fundadores, “El Campito” también surge como espacio de organización, participación, concientización y construcción colectiva de un barrio y una Ciudad ecológica y socialmente justa. La idea siempre fue revalorizar nuestro barrio, como el lugar de confluencia de distintas culturas y costumbres, ya que la gente viene de distintas provincias del país, pero también de otros países.
Por eso al principio funcionaba el proyecto educativo Ecoclub como un espacio donde hablar y trabajar sobre las problemáticas sociales y ecológicas, donde esos mismos jóvenes que empezaban a ser parte votaron y eligieron el nombre del club y de ahí en adelante, somos “El Campito”.

Pero este lugar fue creciendo y de a poco se iba convirtiendo en un espacio en donde las infancias en paralelo empezaban a aprender nuevas actividades, conocer la historia no solo del barrio sino de los diferentes países de latinoamérica, realizar talleres, conocer, recuperar y mantener la memoria, tener un espacio para las clases de apoyo escolar, proyección de cine, salidas, invitando a vivir otras experiencias más allá de las que ofrece el barrio. Estos y tantos otros objetivos el Campito lo cumplió con creces.

Sin dejar de trabajar todos los días para que los vecinos y vecinas puedan tener un lugar en donde construir redes de todo tipo.
La gente del barrio reconoce este espacio y su trayectoria, los niños que antes eran los que iban a jugar a la pelota o iban a entrenar, crecieron… algunos se volvieron voluntarios, otros entrenadores y desde hace unos años también mandan a sus hijos para que sean parte.
“Los chicos crecen” pero los fundadores de este lugar (Julian Wald y Nieves Cardona), para la gente del barrio, solo Nieves y Julian, siguen acompañando la vida de diferentes formas, sobre todo siempre dando el ejemplo de que en ese lugar, lo que importa es la construcción colectiva.
Ubicado en el barrio del Correo, una de las zonas de la Villa 31 en donde todavía se mantiene cierta “tranquilidad”, las casas son más amplias, con árboles que crecieron con el barrio (y no fueron impuestos por el hombre, como en otras zonas de la villa), los vecinos que viven en ese sector no sólo son históricos sino que fueron protagonistas de tantas batallas diarias para lograr una vida mejor para todos y todas.

El Campito convive con la dualidad de la tranquilidad y la energía intensa.
Al pasar por ahí se puede sentir la paz o que la vida tiene un ritmo más lento, su estructura, los colores de las paredes, los pañuelos blancos en la reja, y el cartel que dice “Aca funciona una Escuela primaria para jóvenes y adultos del Programa PAEByT”, junto con los imponentes árboles que están en la calle que fueron plantados en memoria de los desaparecidos, invitan a quedarse o querer conocer lo que hacen ese lugar.
Pero cuando llegan los chicos y van a la cancha todo cambia: se puede sentir la garra, la energía, la alegría y la pasión que se brinda en cada entrenamiento de fútbol que a veces pareciera la final de la copa mundial.

La tranquilidad y la vitalidad, el deporte y la lectura, los libros pero también la fotografía y el cine, con una cancha y una huerta comunitaria.
Acá las luces se apagan a las 23hs. y todo se cierra, para intentar descansar y mañana volver a empezar. Así se transita algunas de las propuestas que conviven en este lugar.
La elección de la huerta, no fue una elección al azar, sino un ejemplo más de cómo lo ecológico es parte fundamental “de El Campito” que esta ubicado dentro de la Ciudad, en un momento se trabajó en un taller llamado “Campito Ancestral”, en donde la propuesta fue la de difundir pero también invitar a los vecinos y vecinas a poner en valor el trabajo con la tierra y los saberes de las plantas medicinales que crecen en el barrio. Entendiendo que es una sabiduría popular muy común pero que si no se lo comenta, comparte y enseña de a poco va quedando en el olvido.
Las propuestas, cada año puede variar; ya que todos los que participan son voluntarios que deciden brindar parte de su vida a este proyecto. Aunque sabemos que en tiempos de crisis, todo se complica, la necesidad apremia y ya casi no queda espacio para los proyectos personales y/o colectivos.
Por eso, desde el año pasado empezaron a implementar una cuota solidaria de 5000 pesos que ayuda a cubrir algunos gastos muy necesarios: (las meriendas, productos de limpieza, pagar a los árbitros, costear los partidos que se jugaban de visitante), pero eso es una invitación a colaborar y no un impedimento para participar.
A pesar de los desafíos que trajo cada época, se podría decir que “El Campito” en estos años construyó como sus pilares más emblemáticos el deporte junto con registro fotográfico y audiovisual.
Los infinitos trofeos colgados en la pared junto con los cuadros Evita, el Che y el Padre Mugica, no solo son testigos de estos años de trabajo, sino también una forma de conocer los valores del lugar.
Las decoraciones de las paredes son el reflejo de que las niñeces y la educación son la base de todo para luego seguir generando proyectos.

La cancha de este Club fue el primer lugar en donde los chicos y chicas del barrio pudieron practicar Rugby y Hockey, deportes siempre asociados a las clases más dominantes. No solo lo aprendieron y practicaron sino que también salieron campeones varias veces en diferentes torneos.

Desde el año 2010 en adelante “la apertura” y el crecimiento del barrio derivó además en el nacimiento de diferentes Clubes (con variedad de ofertas deportivas y formas de trabajo) en todas las villas. Eso nos invita a ver las propuestas deportivas y culturales de forma “un poco más natural”, pero es importante resaltar que nada de esto sería posible sin el trabajo colectivo y organizado de muchas personas que vienen realizando esta tarea incansablemente para que cada vez los niños y niñas tengan la posibilidad de elegir qué quieren hacer….
Sabino Wald es uno de los miembros del Campito y entrenador de fútbol, empezó casi sin pensar a entrenar a los chicos un día que faltó uno de los profes y había resolver porque no se podía suspender… De ese momento ya pasaron casi 10 años.
Para él “lo importante es venir con la idea de recargarte con la energía de los chicos, tratar de entenderlos, porque a ellos tambien les pasa muchas cosas, solo que veces no lo pueden o todavía no saben expresarlo con palabras ….una de las particularidades que se vive en el Campito es que los niños que asisten siempre van en grupos, amigos del barrio, parientes de todo tipo muy numerosos, por ende la constancia del grupo es algo que tenemos que trabajar siempre”.

Los entrenamientos abarcan casi todas las categorías desde los 6 hasta los 20 años con diferentes días y horarios.
Además de entrenador también fue estudiante del taller de fotografía del Campito y luego realizó otro curso de Fotografía dictado por el fotógrafo franco-irani Reza Deghati. CONOCE MAS
Con los años Sabino y un grupo de jóvenes también del barrio y egresados del mismo curso (Luis Bogado y Yazmin Maccio) empezaron a dar clases de fotografía para los chicos y chicas que asistían al Campito, todo lo aprendido en diferentes talleres o de manera autodidacta fue compartido con otros jóvenes en donde se realizaron diferentes proyectos: uno de realidad virtual, otro de revelado de fotografías en rollo, en donde los vecinos llevaban sus rollos y los estudiantes revelaban fotos antiguas, generando una emoción y alegría que atravesaba el tiempo. LINK PARA VER ALGUNAS PRODUCCIONES
En estos 25 años de recorrido las diferentes camadas, no solo ganaron y perdieron diferentes torneos, muchos niños y niñas pudieron conocieron el mar ya que hicieron 4 viajes a Chapadmalal, realizaron campamentos y paseos a otras partes de la Ciudad o de la Provincia de Buenos Aires, como General Rodriguez y Tigre. Y ya desde hace 13 años tienen salidas una vez por mes al “Encuentro de Fútbol Popular” donde se encuentran con otros barrios, yendo principalmente a Ezeiza y San Isidro.


Cada una de las actividades mencionadas y otras que quedan en registro de la vida cotidiana, son momentos significativos para todos los que estuvieron y están en el Club, pero sobre todo para los niños y niñas que conocieron otras formas de transitar la vida, fueron registrando y experimentando los cambios no solo tecnológicos, sino también el paso del tiempo en sus participantes y el cambio del mismo barrio.
Apoyar, conocer y colaborar, con lo que se pueda, con estos espacios es fundamental para seguir enseñando con el ejemplo que nadie se salva solo.
El lema del Club es «Otro mundo es posible y nos dedicamos a construirlo«.
Agradecemos tantos años de trabajo en donde lo que dicen y lo que hacen deriva en alegria y crecimiento para todo el barrio. SEGUÍ CONOCIENDO












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