Por: Mario Canaviri
El show de la mano dura usó a los barrios populares como escenario. Una radiografía de la madrugada en la que el Gobierno porteño castigó a la economía popular, dejando infancias violentadas y trabajadores acorralados
La madrugada del jueves dejó una profunda indignación en los barrios populares.
El Gobierno de la Ciudad desplegó 1.500 policías, helicópteros y hasta autos blindados, buscando exhibir autoridad ante las cámaras de televisión que, casualmente, estaban allí para registrar a Jorge Macri encabezando el megaoperativo. Anunciaron que buscaban a los narcos, pero terminaron instalando un odio estigmatizante.
“Ley y Orden”, publicaba el jefe de Gobierno desde su cuenta de X (Twitter), atrincherado en un centro de monitoreo desde donde presentó su operativo “Tormenta Negra”, que irrumpió con fuerza en el Barrio Padre Carlos Mugica (Villa 31).
Tatiana Quispe, comunicadora social e integrante de la Red de Docentes del Bajo Flores, reflexionó sobre la carga simbólica del nombre elegido: “Que ya le pongan ese título, o que te digan morocha, marrón o india, es racista y xenófobo. Vienen al barrio y buscan al pobre, y de eso no se está hablando«.
En una suerte de publicidad oficial encubierta, los medios hegemónicos replicaron el discurso del gobierno porteño. Mostraban cómo las luces de las sirenas detenían personas, haciéndoles primeros planos a los rostros para que las audiencias sentenciaran desde sus casas. Sin embargo, pocos se detuvieron a pensar el motivo real de esas retenciones: vecinos que se resistían al maltrato o a la incautación de los pocos productos que venden en la feria. «Los verdaderos jefes narcos están en sus mansiones, de traje y corbata, comiendo bien«, denunció Tatiana con firmeza. «Anoche vinieron a tirarle la comida a la doñita que se levanta a las cinco de la mañana para salir a vender. El Estado ve al vendedor pobre como un enemigo«.
Mientras las cámaras seguían el show de Macri, en el sector Cristo Obrero, de la Villa 31, los trabajadores cartoneros eran violentados en soledad, sin ningún micrófono que preguntara por qué estaban acorralados.
Ellos resistían el avance de los efectivos policiales que los hostigan desde hace dos meses. Cuando un grupo de personas intentó evitar el secuestro de sus carros, dos niñas de 14 años comenzaron a registrar la escena con sus celulares. Acto seguido, la policía avanzó sobre ellas.
Según relató Lorena, referenta de las 80 familias cartoneras afectadas, los efectivos requisaron a las menores de forma abusiva: “Les sacaron la ropa ante personas mayores. Yo me enojé y, por defenderlas, me arrojaron contra el piso”. Con el orgullo intacto por la herramienta de trabajo que defiende todos los días, Lorena lanzó una advertencia clara: “La tormenta se les va a venir a ellos”.

Balas de goma y estigmatización en redes
En la Villa 21-24 de Barracas, la cacería fue igual de cruel. Alan Gómez, director de Berretines Audiovisuales y periodista de Mundo Villa, vivió con indignación la llegada de un operativo que buscó normalizar la violencia institucional. En un video que se hizo viral en redes sociales, se observa cómo un policía dispara una bala de goma, lo que motivó a los vecinos a exigir explicaciones que nunca llegaron.
Alan compartió ese registro y quedó atónito por la cantidad de personas que, desde el desconocimiento, justificaban esas medidas violentas. «Fue un circo mediático para que un sector de la sociedad aplauda su accionar«, analizó con bronca. «No se reventó ningún búnker. Si me quiero comprar una bolsa, voy y me la compro. Vinieron por el ambulante, por el más pobre. Por eso es vital que la comunicación la hagamos nosotros, desde adentro«.

El botín de la política y el rol de los medios
¿Por qué tanta saña con los vecinos de los barrios populares?
Abraham, productor de la radio comunitaria La Voz del Bajo Flores, tiene una lectura precisa. Para él, utilizar el dolor barrial es la herramienta que tiene cierto sector de la política para sumar votos. «El Gobierno construye un enemigo interno. Opone al trabajador formal contra el vecino que la vive con más dificultades: el que vende api con pastel o el que tiene su tallercito de costura en la villa«, reflexionó.
«Como el gobierno nacional se desbarata por el ajuste, el macrismo arma este contexto para decirle a sus votantes: ‘Nosotros cumplimos con la mano dura que Milei no aplicó’. Y las víctimas siempre somos las personas humildes«.
El productor sostiene que el discurso racista que engloba la «Tormenta Negra» se materializa en la acción cotidiana: operativos migratorios donde se detiene por portación de rostro, destrucción de puestos ambulantes y allanamientos injustificados.
A la fecha, el raquítico saldo del operativo parece intentar tapar una obviedad: no encontraron a ningún líder narco porque no viven allí. Disfrutan de sus departamentos de lujo sabiendo que el foco mediático y judicial jamás caerá sobre ellos con drones o autos blindados.
Frente a este escenario, el rol de la comunicación comunitaria reafirma su compromiso con la verdad. Donde las cámaras hegemónicas hacen foco para estigmatizar, los medios villeros arman transmisiones de streaming en los pasillos para salir en vivo junto al vecino.
Mientras los micrófonos de los grandes canales estén para repetir los discursos de odio de los funcionarios públicos, el micrófono de los barrios estará a disposición de quienes luchan y denuncian la violencia institucional.












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