Pulsa «Intro» para saltar al contenido

Más encierro, menos libertad 

Por Dalma Villalba:

Una vez más el Congreso de La Nación Argentina está trabajando en contra de su propio pueblo. 

Desde hace años se fogonea la idea de que los menores de edad “entran y salen” de los institutos de menores, que “roban un celular” y “no pasa nada”, que “hacen lo que quieren porque saben que son menores de edad”.  Frases que la mayoría de la sociedad repite, sin pensar, ni siquiera dos segundos.  “Informes enteros” en los noticieros que hablan de la “inseguridad” con videítos de algunos segundos con imágenes muy impactantes y horas tratando de culpabilizar determinada acción, sin ni siquiera ni siquiera intentar ver más allá. 

¿De verdad creemos como sociedad que un ser humano de 14 años sea condenado será la solución a la inseguridad y a la violencia constante a la que estamos sometidos todos los días de nuestras vidas?
Empezar a juzgar a los adolescentes desde los 14 años con penas de hasta 15 años es el claro ejemplo de que no podemos dejar de vivir en el mundo del revés. 

Esta ley, como muchas otras que están siendo tratadas con vallas y represión en el Congreso, son ataques directos para los sectores populares y vulnerables, se trata de una criminalización de clase, porque quienes actualmente se encuentran en los institutos de menores, son pibes con las mismas historias complejas de vivir con años de olvido y de no sin acceder a todos los derechos que las infancias ya deberían tener garantizada deberían tener garantizados, las mismas necesidades básicas sin cubrir, la misma bronca, el mismo dolor.  Incluso con los mismos sueños que estaban intentando cumplir.

Con un país en crisis –económica, política y social- como en el que estamos viviendo, sabemos que la niñez es cada vez más corta, porque la necesidad obliga a crecer, sin escalas. 

En cada casa hay menos comida, más problemas de guita y necesidades cada vez más altas que derivan en más horas en donde los adultos responsables -los que puedan y como puedan-  intenten conseguir bancar la olla, los remedios y en el mejor de los casos algo de ropa.
Eso implica que las nenas más grandes sean las adultas de la casa, haciéndose cargo de las tareas de cuidado, limpieza, y todos los trabajos que les toca hacer totalmente “naturalizados por ser mujer”.
Que los nenes más grandes busquen una changa, -la que sea, no importa de qué forma- que crezcan más “libremente” y que en la calle aprendan lo que puedan. 

Consecuencias de estas vivencias cotidianas, se va dejando atrás los momentos de encuentros familiares para saber como esta cada uno, ya no hay el espacio para soñar o proyectar una vida mejor, creer que el tiempo –que siempre juega en contra- es infinito y que lo único que vale en la vida es el hoy. 

La criminalización –de los adolescentes, morochos, con ropa deportiva- sobre todo, es una construcción social que ya hace años los pibes lo están cargando a sus espaldas, ya totalmente “normalizado” que pidan el documento, que los pongan contra la pared, que les revisen la mochila, que no crean en su palabra cuando cuenten algo y la lista podría seguir. 

Pero ahora se trata de que un pibe de 14 años pueda terminar de “crecer” y desarrollarse dentro de 4 paredes, en un lugar que estadísticamente ya se comprobó que no sirve para “reinsertarse” a la sociedad

¿De qué reinserción hablamos si con 14 años nunca pudo elegir realmente de donde ser parte? 

Pero la pregunta previa al hablar estás cuestiones -con tanta naturalidad y liviandad-  debería ser qué soluciones podemos brindar a una pibe que prefiere arriesgar su vida en “un hecho” antes que vivir su vida cotidiana.

Esta posible ley  -que muy probablemente sea “aprobada”- y celebrada, como una victoria contra la inseguridad, no brinda una solución real a ninguna problemática. 

Las cárceles están superpobladas, los institutos de menores son espacios que no funcionan.        
La cantidad de personas desempleadas derivan en angustia y desesperación en todas las familias.
Sin contar el aumento de las personas y familias enteras que están viviendo en situación de calle.  

Mientras tanto las opciones que siempre están disponibles para los más vulnerables, son las de narcotráfico y la delincuencia en dónde los que menos tienen son casi siempre el público disponible para que aumenten su ejército de reserva. 

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *