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Villa 31: entre clausuras, incertidumbre y miedo constante

Lo que se está viviendo en la Villa 31 desde hace semanas es una cuestión compleja que atraviesa todas las aristas de la vida: lo económico, político, social y mental. 

La implementación del «control» sin importar nada. Ni nadie.

Ni las formas, ni las condiciones materiales, ni la falta de acceso a todos los servicios de manera regulada, ni las dimensiones específicas de cada espacio, solo género que los vecinos en cada amanecer tuvieran una preocupación más que se suma a la larga lista. Nada de eso tiene que ver con la “regulación” que intentan imponer. 


Las negociaciones que vienen de otros tiempos en cuanto a las «viviendas nuevas», la disposición de escaleras (que fue planteada y planeada en el proceso de Urbanización), tanto como las aperturas de calles fueron espacios públicos que se trabajaron durante años entre idas y vueltas para la nueva parte del barrio y que fue un camino recorrido que se recorrido con diferentes áreas del Gobierno de la Ciudad. 

Pero el jueves pasado, por ejemplo la orden fue cerrar alguno de los accesos al barrio.
Es importante no perder de vista la dimensión que tiene la Villa 31.


Más de 60.000 habitantes. Y la ubicación sería desde Retiro hasta la Facultad de Derecho si uno caminara por Avenida Libertador. La Villa 31 tiene su propia dinámica de Ciudad, (por lo extensa y la densidad poblacional que alberga) que además se fue construyendo desde hace casi 100 años. Romperlo a las malas, nunca implicaría un beneficio para todos. 

En estos años, ya se dieron varios hitos en su historia: 

  • El trabajo del Padre Carlos Múgica. Su asesinato en 1974. LINK ARCHIVO 
  • Y en los 90 los vecinos y la comunidad católica decidieron traer sus restos a la capilla que él había creado. LINK ARCHIVO
  • La resistencia de algunas familias durante el proceso de erradicación que sufrieron todos las villas en los años dictatoriales. LINK ARCHIVO
  • La necesidad y organización de los años 2000 en adelante. 
  • La pelea y posterior aprobación de una ley de urbanización. LINK ARCHIVO
  • El crecimiento del barrio para todos los lados. 
  • El proceso de Urbanización que fue trabajado durante la gestión de Rodríguez Larreta. LINK ARCHIVO
  • La pandemia en dónde había que sobrevivir encerrados, sin poder trabajar, y en dónde de nuevo afloro la solidaridad y organización colectiva. LINK ARCHIVO
  • Entre otros tantos momentos en donde la organiación colectiva y la fuerza de los vecinos lograron que el barrio siguiera vivo.

Pero en este momento estamos atravesando no solo la violencia simbólica, física y sistemática, además del desempleo, el aumento del trabajo informal que sufren todos los sectores populares.
Se suma también la incertidumbre de todo un barrio por no saber que va a ocurrir en el lugar donde viven y cómo se desarrolla la vida. 

Cierran algunos accesos, «limpian» el espacio público, llevándose todo lo que encuentran a su paso, sin importar el esfuerzo que pueda implicar cada cosa.
Desde un carrito de panchos, las pocas cosas que pueden vender los mini manteros, teniendo en cuenta que el trabajo informal es parte fundamental de este barrio, ya que acceder a un empleo formal es casi un milagro, ahora no solo en las villa, secuestran “motocarros” (un transporte clásico dentro del barrio que se utiliza para llevar gente, transportar materiales, garrafas, mercadería, hacer mudanzas) y que además también lo usan los trabajadores del Gobierno de la Ciudad y sus visitantes dentro de la Villa. En estos días también se llevaron parrillas, materiales, motos y todo lo que encontraron a su paso. Incluyendo los carros de los cartoneros que desde hace un año por lo menos están denunciando atropellos que los impiden trabajar. 

Nadie sabe que pasa después. 

No hay comunicación oficial. Solo miedo y muchas posibles verdades que generan más miedo y confusión. Algunos hablan de que «nosotros quieren echar»; futuros desalojos, expropiación de casas. 


En concreto por ahora los comerciantes no pueden trabajar: a los que venden garrafas (una de las pocas formas que se tiene de acceder) ya que no hay red de gas. Los que trabajan en corralones no pueden hacerlo, los que dependen de otros, por ejemplo puestos de comida pronto tampoco podrán hacerlo. Los que vendían por su cuenta en la calle lo que podían, tampoco pueden hacerlo. Esa economía personal y familiar esta parada con la posibilidad de que en cualquier momento les saquen mercadería que sirve de sostén. 

La incertidumbre crece, el miedo crece, la bronca y la desesperación también. 

Mientras tanto la policía sigue posando en cada operativo, esperando al primero que proteste para usar su fuerza desmedida. 

Nadie dice nada, mientras tanto todos tienen miedo y no sabemos de que lado saltará la última gota ya que ningún pueblo puede vivir solamente aguantando.

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