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Una política pública binacional intenta reparar y garantizar el derecho a la Educación.

Argentina es uno de los países que recibió, íntegro y sigue generando lazos de todo tipo con los más de 700.000 paraguayos que residen en el país.

En este contexto en el año 2015 surge el “Programa Migrante” para que más paraguayos y paraguayas residentes en Buenos Aires,  puedan culminar sus estudios primarios y secundarios.  Impulsado por la Dirección General de Educación de Personas Jóvenes y Adultas del Paraguay, la Dirección del Adulto y Adolescente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y la  Embajada Paraguaya.

Intentando reducir las complicaciones diarias que atravesaron los futuros estudiantes cuando no hubo tiempo de apropiarse de “ciertos conocimientos” que son necesarios para la vida cotidiana, pero también la exclusión y frustración que muchas veces genera no tener esta “acreditación de saberes”.
Además de las diferentes situaciones y emociones que generan la gran cantidad de dificultades y dolores que se intentan reparar todos los días en el aula. En donde las docentes: Ilsa Santander, Gabriela Talavera y Lidia Alarcón, cada en un barrio diferente, con diversas realidades, acompañan con amor y creatividad las trayectorias educativas de sus estudiantes para que todos puedan sostener la cursada y acceder a los conocimientos básicos, pero sobre todo para ayudar a cerrar una parte de su historia que muchas veces se siente como “pendiente”  y que al lograr cumplir este objetivo tan importante: puedan volver a confiar en ellos mismos y en sus capacidades académicas. 

La propuesta educativa para estas personas que tienen más de 18 años, se organiza en dos niveles: 

  • Terminar la Primaria: en donde se ve trabaja con el plan de estudios paraguayo, respetando y aprendiendo los contenidos que quizás vieron en algún momento o aprendiendo desde cero con contenidos básicos de alfabetización pero que a la vez  refuerzan la identidad paraguaya, a pesar de la distancia.  Al finalizar terminan con el título oficial de Paraguay.
  • Terminar la Secundaria: se combinan contenidos del sistema argentino con materias que están en el currículum  paraguayo, estas materias son: Guaraní, Historia y Geografía, y Arte. Materias que realmente son necesarias para seguir profundizando en el conocimiento de la propia historia. 

Los lugares de cursada están ubicados en la Villa 31, al lado del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, en donde también cursan la secundaria.  En la Villa 21 de Barracas en la parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé el Anexo CENS 75. Y en Villa Soldati 71.
Cada uno de estos barrios cuenta con una gran parte de población paraguaya de clase trabajadora en donde la educación casi siempre quedaba en un segundo plano ya que las urgencias o las necesidades siempre eran otras. 

¿Volver a estudiar? ¿Vale la pena?

Muchas de las personas que se acercan a este programa, en su mayoría mujeres: llegan con dudas, miedos, con cansancio del día a día (el trabajo, la casa, los hijos, las preocupaciones), incluso a veces escuchando comentarios que intentan desanimar este nuevo inicio.

 ¿A esta edad vas a estudiar? ¿Por qué no lo hiciste antes? ¿Qué te haces la estudiante/escuelera “guau”?
“Escuelera” se dice a las estudiantes mujeres en muchos pueblos, es una combinación del castellano y guaraní.
“Guau” es una palabra muy utilizada en guaraní que significa “mentira”, se utiliza para minimizar una acción o una situación. También utilizada en las provincias cercanas a la República del Paraguay. 

Y así se podría seguir con un sin fin de preguntas y comentarios que en realidad esconden microviolencias reproducidas y naturalizadas que se repiten incluso desde la ignorancia, por no conocer los motivos reales que los llevaron a tomar la decisión de volver a intentar superando distintos tipos de dificultades. 

Pero quienes entran al aula y siguen su cursada hasta finalizar, son atravesadas por la experiencia y viven una transformación que inevitablemente los convierte en personas más seguras con nuevas herramientas para afrontar la vida. 

La transformación va más allá de apropiarse de un conocimiento determinado, es consecuencia de haber culminado una etapa que era difícil volver a empezar, de haber encontrado un nuevo espacio educativo y de socialización, que no tiene que ver con la educación que recordaban (donde el docente era una figura de autoridad/autoritaria). Propia de una época histórica determinada.
Muy por el contrario, el aula se transforma con el paso del tiempo en un lugar de pertenencia, un espacio en donde se puede conversar de la vida privada de cada uno para ayudarse, tejer redes y aprender no solo de fórmulas o “formas de hacer” que no  se entienden ni para que servira, sino un espacio en donde conocer sobre los derechos, de solidaridad, de encuentro y en donde al reflexionar comprender que la historia personal también está atravesada por la historia de cada país.

En cada clase también se va reconstruyendo y reafirmando la identidad guaraní.  

Un ejemplo de esto, es que los estudiantes están reconociendo y aprendiendo a escribir en esta lengua tan preciada y valorada -ya que la mayoría de los paraguayos hablan guaraní, pero no todos saben escribirlo-.
También se celebran las dobles fechas patrias con las comidas típicas de cada país, se baila y se canta. Los estudiantes en algún momento del año, reciben un “Kit Escolar” que contiene todo lo necesario que tengan las herramientas para sostener su cursada: cuadernos, lápices, lapiceras, calculadora, todo de manera gratuita. 

El aula es el centro de una mixtura cultural que toma y abraza lo mejor de cada país -de donde se nació y de donde se vive- Y allí se produce un tipo de lazo que traspasa lo académico y se generan las redes invisibles que hacen que se pueda sostener – o no- la cursada más allá de los problemas que a cada quien le toque atravesar. 

Particularmente la cursada que se brinda en el Barrio Padre Carlos Mugica o Villa 31, cuenta con un espacio físico cómodo y cálido que se logra palpitar al transitar por esas aulas: como las redes educativas se van haciendo más fuerte, sin importar cual sea la tarea específica, todos tienen un mismo objetivo: que las aulas esten llenas de personas que quieran seguir aprendiendo y apropiándose de ese aprendizaje para transformar su vida cotidiana. 

¿Cómo impacta el Programa Migrante en los estudiantes?

Es difícil poner en palabras como lo vive cada uno, pero está claro que cada fin de año, la alegría desborda los grupos, llena de orgullo a los docentes pero también a las familias de los graduados, en cada celebración, no sobran llantos, abrazos y miradas de complicidad.
Cada hijo o hija, esposo o esposa, conocen el sacrificio que implicó llegar hasta allí y la alegría colectiva hace que sea impulso para seguir tomando desafíos y que muchos se animen a terminar su escuela secundaria, o elegir un terciario o incentivar a otros miembros de la familia a estudiar. Todo esto no sería posible sin la colaboración de ambos países para garantizar la educación. 

Es necesario remarcar que todo esto se brinda de manera gratuita y sin necesidad de que los estudiantes hagan ningún tipo de trámite. Contrarrestando la burocracia y los altos precios que implican los procesos de legalización de cualquier tipo de documentación que muchas veces son trabas que alejan o condicionan la decisión de iniciar un recorrido académico a cualquier extranjero que no cuente con las mínimas posibilidades. 

Es necesario que este programa siga y pueda llegar a más personas que quieran acceder a este derecho universal de acceso a la educación que enseña a pensar y que intenta romper barreras de una estructura social, en donde la mayoría solo debería “obedecer”. 

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