Por: Dalma Villalba
Los desaparecidos son y seguirán siendo faro en la construcción de una sociedad mejor.
Las abuelas nos siguen enseñando a luchar sin perder la ternura, ni la memoria.
Las familias siguen demostrando cómo hay amores y lugares que nunca pueden ser olvidados ni reemplazados.
Los nietos y nietas son la extensión de la esperanza, el ejemplo concreto del amor y la adversidad en tiempo real.
Los hijos de los nietos encontrados, son la muestra de que la vida sigue igual, pero sin olvidar las raíces.
Ojalá cada 24 de marzo logremos comprender que esos más de 30.000 desaparecidos, que fueron secuestrados, torturados, asesinados -de las peores y más perversas formas-, fue consecuencia de un plan sistemático pensado desde los EE.UU para realmente desaparecer y aterrar al pueblo que deseaba transformar el mundo y vivir en una sociedad mejor.
Muchas veces el pedido era «una vivienda digna», «respeto por el otro», «poder expresarse libremente», «la construcción de un hombre nuevo», acceder a derechos básicos como salud, educación, para todos y todas.
Organizar al pueblo a través de las marchas o huelgas masivas, encontrarse y tratar de cuestionar la “obediencia al capitalismo».
Esos fueron algunos de los «delitos” tan graves que cometió una generación -realmente- brillante, que no dudo ni un segundo en dar la vida si era necesario para que esos ideales se convirtieran en realidad.
Este 24 me enseñó que son muchos más los que prefieren seguir órdenes, respetar un «status ficticio» y entregar a su vecino o compañero.
En la época que estamos atravesando, cada vez es más fácil ponerle rostro a las personas que en otra época pudieron ser cómplices o ser los responsables activos de que cualquiera que quiera una vida digna sea secuestrada y desaparecida por subversiva.
Por eso -más que nunca- que hay que nombrar todo como es, trayendo la historia al presente, dar ejemplos concretos aunque sean crueles, porque solo lo simbólico no es suficiente.
Es fundamental replicar el ejemplo de las mujeres que usaban los pañuelos blanco, pero si no lo contextualizamos, el gran ejemplo de esas madres que buscaban a sus hijos -con el riesgo de ser también desaparecidas o asesinadas- se diluye, se empieza a desdibujar y acá todo lo que se vivió no podemos permitirnos olvidar.
Los pañuelos, la historia, los abrazos y trabajar la memoria es necesario, pero no solo en el mes de Marzo.
Es necesario todos los días y todas las noches porque sino el Nunca Más solo será una consigna más y quizás podría volver de manera sutil y al mismo tiempo potenciada, con formas más modernas o tecnológicas. Pero sin perder la crueldad y el objetivo de borrar a todos los que pensaron que era necesario una forma de vida más justa con los que menos tienen.












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