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Los números de la pobreza que no se ven

Los datos del INDEC siempre son noticia vieja. Nos cuentan lo que ya pasó. La inflación de la canasta de productos alimenticios provoca el aumento de la pobreza diariamente, minuto a minuto. Las villas son las más perjudicadas.

Por Joaquín Ramos

Director de Mundo Villa

La pobreza, según datos oficiales dados a conocer recientemente por el INDEC, alcanzó a 14.2 millones de personas. Pero podemos asegurar que la información es falsa. Los medios transmitieron la noticia: “Aumentó el número de pobres”, “La pobreza llegó al 32 %”, “Los niños son los más perjudicados” señalaron los diarios comerciales.

El INDEC difundió este año, las encuestas de hogares pertenecen al segundo semestre de 2018. Los datos del INDEC nunca son una noticia nueva. Son noticias viejas. Nos cuentan lo que ya pasó, podemos asegurar que la cifra (hoy) es absolutamente mayor. La inflación de la canasta de productos alimenticios provoca el aumento de la pobreza diariamente, minuto a minuto.

El precio de los alimentos aumentó 65 % en los últimos doce meses. Ya lleva un 125 % en los dos últimos años y ningún trabajador obtuvo un aumento semejante. Por ejemplo, el Sindicato de Empleados de Comercio, firmó por un 30 % este año y el año pasado firmó por un vergonzoso 12 por ciento. Los esfuerzos por paliar el hambre de las familias marginadas e indigentes por parte del ministerio de salud y desarrollo social, son infinitamente insuficientes.

Toneladas de mercaderías se distribuyen en los barrios más pobres del conurbano bonaerense, sin que ello alcance medianamente a llenar el plato a millones de niños que se encuentran mal alimentados. Es más que evidente que el asistencialismo ha crecido, pero siempre a menor ritmo que la galopante desocupación.

Los datos oficiales del INDEC establecen que un hogar con cuatro integrantes requiere 12.086,80 pesos por mes para adquirir solo la canasta de alimentos.

La cifra representa un incremento de 4.613,20 pesos más que en 2018. Pero estamos en el año 2019 y por un simple análisis de sentido común, podemos asegurar que la pobreza es mayor a la señalada.

Los licenciados del INDEC toman los valores de la canasta básica de alimentos de los supermercados o los “precios cuidados” o “precios esenciales”. El Defensor del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, Guido Lorenzino, acaba de denunciar: “Hay una falta de control por parte del Gobierno Nacional para que los empresarios cumplan con este acuerdo. En un escenario de crisis, donde se busca incentivar el consumo de los sectores más vulnerables, estamos ante una medida electoralista que le da la espalda a la realidad”.

El costo de vida y alimentos es mayor en las villas y barrios obreros. Es más caro el transporte, la telefonía, los alimentos, el gas, la electricidad y el agua (ver notas anteriores de MV sobre la carestía de los precios en la villas) que en barrios urbanizados de la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba o Rosario. Las estadísticas de la inflación o los índices de la pobreza no hablan de los índices de mortalidad infantil o de las enfermedades que acarrea la indigencia. La pobreza no llega sola, viene con enfermedades. La tuberculosis, que había sido erradicada en la década del ´50 llega hoy luego de setenta años. Las enfermedades de la pobreza que vemos hoy en los hospitales públicos son la bronquitis aguda, la bronquiolitis, la gripe y la neumonía. La contaminación del agua en las villas de la Ciudad de Buenos Aires, del conurbano de Rosario, Córdoba y provincia de Buenos Aires viene llenando las salas de salud y hospitales con diagnósticos alarmantes: diarreas agudas, meningitis y hepatitis.

En Mundo Villa ya nos hemos referido a la emergencia de agua potable y cloacas en los barrios obreros de nuestro país. Pero dichas observaciones caen en saco roto. Aún hoy se sigue relegando la conexión de agua potable a millones de familias. Se invierten millones de pesos en “salud de alta complejidad” para los sectores ricos y acomodados, mientras se nos mueren miles de niños pobres porque consumen agua contaminada. Tras los fríos números estadísticos hay personas que sufren y mueren por políticas públicas equivocadas.

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