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Cuenta historias sin importar el formato pero con las bases que le dio el barrio. 

Ale Clavijo es una comunicadora “todo terreno” de la Villa 31.
Se recibió en TEA el año pasado pero se sigue animando a crecer y crear.

Tenía apenas 6 años cuando llegó al barrio. Su familia había decidido dejar Bolivia y buscar nuevas oportunidades en la Ciudad de Buenos Aires. La futura casa nueva se ubicaría a dos pasos de una de las canchas más emblemáticas: “La cancha de Güemes”. 

Hablar sin parar y tener esa cancha como “el patio de su casa” se combinaron para que el crecimiento de esta pequeña esté totalmente atravesado por la comunicación y la pasión por el deporte. 

Empezo siendo una niña mas de las que entrenaban en la naciente “La Nuestra, Fútbol Feminista” (https://lanuestra.org.ar/historia/) con el paso del tiempo la organizacion se transformo en un hogar para ella. 

Ale creció y La Nuestra también; el fútbol fue la excusa para encontrarse y crear diferentes sueños, posibilidades, experiencias, otras formas de pensar, aprendiendo a tejer redes. 

Lo colectivo siempre transforma la forma de vivir en el barrio. 

La jugadora de ese momento también se fue “descubriendo en otros roles”, y no solo en lo deportivo, ya que eso que ella hacía «naturalmente»: hablar, interesarse, escuchar y querer saber más, fueron cualidades que hicieron que empezara a contar y cubrir lo que pasaba y en la organización: viajar a diversas provincias y “cubrir” el Encuentro Mujeres, organizar, producir y presentar un programa de televisión en un canal de su barrio para que más personas conozcan el trabajo de La Nuestra, brindar talleres de ESI, de comunicación entre otros, para las pibas del Club

Fueron algunos de los desafíos en donde ella aprendía haciendo, su entrenamiento no solo era para ganar un partido, también estaba ganando experiencia en comunicar desde una postura política: la que defendía la realidad del barrio, la perspectiva de género, el derecho al disfrute a la recreación, consignas que quizás muchos solo logran hacerlo en el terreno discursivo, Ale a través del acompañamiento de La Nuestra y de sus propias inquietudes iba creando un perfil profesional para quien no era lo mismo contar una historia, sin comprender el contexto. 
“Una de las entrevistas que más me marcó fue al Ministro de Turismo y Deporte Matías Lammens, fue muy increíble para mí hablar con él”. Comenta intentando contar con precisión ese recuerdo.

Esa experiencia fue cuando todavía estábamos con miedos e incertidumbres de lo que traía la vida en pandemia, pero en donde ni ella ni La Nuestra dejo de realizar tareas solidarias, como muchas otras organizaciones y personas del barrio que trabajaron para que el aislamiento preventivo no sea solamente lleno de soledad y necesidad. 

Ese día -confirmó o comprendió- el gran poder que tiene la palabra cuando se es un periodista que realmente intenta contar la realidad. Contarle al Ministro lo que venían haciendo, el impacto de las actividades en el barrio, la escucha atenta de esta “persona con un cargo importante” generaban en ella adrenalina, responsabilidad y alegría de poder ser puente entre lo que vive el barrio con alguien que quizás tiene el poder para mejorar un poquito la vida cotidiana de todas las personas que conoce. 

El tiempo pasó, terminó la secundaria empezó a cursar el CBC para ser Médica, una profesión que nada tenía que ver con su recorrido, pero que quiso intentar, pero rápidamente las ganas de Comunicar e intentar profesionalizar lo que ya venía haciendo hizo que empezara la carrera en la Facultad de Sociales de la UBA. 

Una carrera larga, teórica y que cada vez reduce más la posibilidad de trabajar y estudiar al mismo tiempo. Pero en el año 2023 accedió a la posibilidad de tener una beca para estudiar en TEA y la tomó, con la idea de de hacer las dos carreras al mismo tiempo, con la expectativa de que con la segunda podría recibirse antes y poder trabajar de lleno, ya que desde muy chica le quedó grabada la frase que en su casa siempre decían: “no hay plata para eso”. Y ella quería muchas cosas pero sobre todo quería comprarse todo, sin necesidad de molestar a sus papás. Finalmente decidió enfocarse solo en TEA. 

El año pasado después de cursadas intensas, prácticas, madrugadas de lecturas, producción y postproducción, incluso alquilandose una habitación fuera del barrio durante un mes -para estudiar tranquila, sin el ruido de la cancha ni de la música, ni la dispersión de hablar con todo el barrio al salir de su casa- se recibió en TEA, siendo la primera en su familia en lograr un título de ese nivel académico. 

Un logro que generó la alegría de todas las personas que la conocen y de cualquiera que comprende el significado y el esfuerzo que implica poder culminar un estudio de grado en cualquier lugar, pero sobre todo mucho más cuando se vive en un barrio popular. 

Para ella estudiar y trabajar siempre fue necesario. Pero esa experiencia que generaba le daba más facilidad para seguir haciendo y aprendiendo. 

Su paso por diferentes medios comunitarios, junto con la capacidad de tomar lo mejor de cada lugar y esas ganas tan visibles que tiene de aprender ya que también seguía capacitándose: en el curso de “Más Miradas” brindada por Google y FOPEA, pasantías en el Diario La Nación, curso de fotografía “En el Campito” en su barrio. Pero también la naturalidad con la que teje redes hace que su tipo su trabajo como comunicadora tenga diferentes aristas, pueda observar más allá de lo superficial y se acomode a diferentes formatos y expectativas de los que la necesitan para dar a conocer algo.

El trabajo de contar historias y aceptar todos los desafíos -con miedo y valentía- la llevó por diferentes caminos. 

Desde hacer coberturas con personas de “cargos importantes”, dar a conocer las historias que sus vecinos quieren contar. Servir como puente que conecta el mundo privado con su barrio, ser la encargada de registrar y enmarcar desde una fiesta de cumpleaños de 15, un evento en el barrio, una marca o un lugar.

No importa cuál sea el rol que tenga, ella decide ser la encargada de contar la historia necesaria de la mejor manera posible. Aunque aclara que hay lugares donde trabaja con más comodidad: “Me gusta más la producción, siempre prefiero hablar mejor si es detrás de cámara, pero quiero que cada cosa que haga tengan un sentido, que ayuden a pensar”

Por eso algo fundamental para ella es conocer a las personas o los proyectos con los que trabaja, generando una escucha atenta para explayar la creatividad.

Cada decisión que tomaba la motivaba a invertir y crecer en su propio mundo audiovisual, donde comenzó a comprarse su primera cámara, lentes, flash…. Y con los años cada vez el bolso se va agrandando y pesando más, ya que va consiguiendo nuevos equipos para que su trabajo (con las herramientas que puede costear) sea una forma de reflejar la calidad que quiere brindar a todas las personas que deciden confiar en ella. 

Este año el desafío es poder crear con un amigo su propia productora. 

En dónde ambos puedan organizar y brindar un servicio de calidad a las personas de cualquier barrio pero con el diferencial que tienen: poder entender que cualquier “cliente» en realidad puede ser un vecino más que confía en ella, en su lente y su capacidad de transformar una idea en un proyecto que genere felicidad a cada uno.  

Por el momento Ale sigue organizando y transformando su habitación de acuerdo a cada necesidad: un estudio de fotografía, una oficina de reuniones, un lugar donde guardar los equipos y organizar la semana, el mes y la vida. Y seguir trabajando para poder contar las historias que no sean “tan fáciles de llegar» y generar cosas con conciencia. 

Demostrando que la vida en el barrio tiene tantos ángulos posibles como podamos imaginar y que solo depende desde donde se enfoque no solo la cámara sino también el corazón para lograr ver más allá de la simple superficialidad. 

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