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Jueves 03 de Enero de 2019

Waldemar Cubilla: "Tuvimos que estar detenidos para alcanzar la universidad"

El sociólogo y fundador de la Biblioteca Popular La Cárcova en su paso por #MundoVillaenDTV habló sobre la realidad de los jóvenes que se encuentran privados de su libertad estudiando en las universidades.

¿En qué marco y por qué elegiste estudiar la carrera de Sociología para estudiar teniendo en cuenta todo lo referido al ingreso de los pibes de las villas a la Universidad?

- Yo me hice universitario estando preso en el año 2008 en la unidad penal número 48 de San Martín, porque hubo una decisión política de una universidad nacional de garantizar la educación a personas presas. Quizás la pregunta siempre fue ¿Porqué tuvimos que llegar a estar detenidos para alcanzar la universidad? Una pregunta casi difícil de responder, pero sí es muy valioso que una Universidad Nacional se haya hecho cargo de una demanda explícita de un grupo de personas detenidas que le solicitaron que le garanticen el derecho a la educación, que tan en discusión está. Porque ahí necesariamente uno toma posición, el hecho de que se hable o imagine una restricción presupuestaria a la Universidades Nacionales o que se intente pensar un proceso de privatización de la educación pública es una discusión central en este tiempo, acá en Argentina, más cuando vos caminas una universidad Nacional, acá en el conurbano ves que está llena de latinoamericanos, no es solo una universidad de argentinas o argentinos. Una distinción de América del Sur es nuestra educación universitaria.

Claro y a veces se lo toma con cuestiones xenófobas y caen allí las restricciones

-Mi vieja es paraguaya, si bien yo no hablo guaraní uno no puede desconocer la historia, más allá de los límites jurisdiccionales entre las naciones, somos una cultura compuesta. A mi me tocó lamentablemente empezar mis estudios universitarios estando preso, pero la verdad es que hoy en día es muy grato compartir la experiencia no solamente para las presas y presos que tienen derecho a al educación y que pueden aportar mucho en materia educativa, pero también para el pibe villero que muchas veces se piensa que el pobre no puede acceder a la Universidad o que no tiene las condiciones intelectuales para hacerlo y la verdad es que hay que saber que las universidades son nuestras, caminarlas, estudiar, estudiar, estudiar y resistir y estar ahí. Yo llevo unos 10 años dentro de la Universidad.

¿Cómo fue ese proceso de estudiar dentro de un penal?

-La verdad que fue bastante complejo, pero teníamos ventajas nosotros, hablo de esta experiencia en el penal,  de tener una universidad nacional en la unidad 48, cada mundo educativo dentro de cada cárcel es particular. Nosotros teníamos la ventaja de que teníamos como experiencia a la UBA dentro de Devoto, lo primero en lo que pensamos era en eso, y lo más rico de mirar esa experiencia, la del CUT, fue entender que la garantía de la educación que estábamos pensando nosotros también era para los guardia cárceles, porque entiendo también que la creación de la CUSAM (Centro Universitario de la universidad San Martín dentro de la Unidad 48), que quizá la composición de los presos del CUSAM, eran presos sociales, pobres, analfabetos. En cambio la composición que funda al CUT era más de índole  presos políticos, tenían más experiencias, estaban formados, eran ilustrados, venían no con tanta hambre, sin desmerecer nada, solo para marcar esa distinción que hizo que nosotros empecemos un proyecto con guardia cárceles y asumir este riesgo, que es también medio atrevido.

¿Vos estudiaste con guardia cárceles?

-Sí estudié con guardia cárceles, fueron mis compañeros y hoy hay dos graduados en sociología, y fui docente también. Estar preso y ser docente universitario estando preso, y tener alumnos guardia cárceles... no era pornográfico, pero era bastante excitante, sinceramente. Tener un poco la posibilidad de relacionarse de otro lado, no tanto del castigo, era un proceso de formación universitaria. Yo creo que ese fue el cuento que me comí de muy chico también, yo no digo que está todo bien como la policía, pero sí reconozco que son parte de la sociedad, así como los pibes villeros, estamos todos en la misma y si no tenemos la valentía o la decisión de poder vincularnos no se puede.

Ahora en capital hay mucha más presencia de las fuerzas policiales, y que muchas veces son del interior entonces vienen con la película de Tropa de Elite en la cabeza ¿Cómo se hace para romper con eso?

-También como asumimos nosotros ese desafío de contar nosotros mismos nuestras propias historias, o sino siempre la cuenta otro, y a favor del otro. En cambio nosotros tenemos mucho para aportar en materia civilizatoria, para aportar una experiencia de vivir miserablemente, nosotros los villeros tenemos una capacidad económica que tranquilamente podríamos compartirla para salir de esta dicotomía casi totalmente enfrentativa entre la policía y los pibes.

¿Qué significa para vos el CEAMSE?

-Ahora hay una discusión bastante interesante sobre una modificación legislativa que permitiría cambiar el proceso de tratamiento de la basura, pasaría del entierro a la incineración. Ya fue incinerable antes del entierro. Yo vivo en La Cárcova, y La Cárcova está en Suárez y el CEAMSE está en Suárez. Toda la basura que se produce en Capital Federal va a nuestro barrio y gran parte de la basura que se produce en el Conurbano Bonaerense va a nuestro barrio. Entonces vivir en La Cárcova, en nuestro barrio es vivir de alguna manera en un basural. Ahí la relación con la basura es bastante particular, muchas de nuestras familias hicieron trabajo de la basura, se hicieron cirujas de profesión, una experiencia específica del proceso y tratamiento del reciclado. Ahí hay un saber de los cirujas que necesariamente debe ser compartido con quienes intentan hacer política de esto.

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¿Qué representan para vos las bibliotecas populares?

-Yo creo que las bibliotecas populares villeras tienen eso de los libros perdidos, recuperados y que se instituyen como una posibilidad de vivir distinto, de apropiarnos de la palabra, de contar nuestra propia historia. Porque los cartoneros que regalan libros a las bibliotecas populares, están perdiendo plata, papel que pueden vender, y está de alguna manera invirtiendo en la posibilidad de crear una biblioteca popular y en las villas son realmente necesarias y debería haber una política pública encargada de la creación y del financiamiento, potenciarla para que el nene villero tenga la posibilidad de crecer rodeado de libros. Crecer proyectándose distinto, identificándose con las historias.

¿Qué pensas de la meritocracia?

-Que es una forma de contar la sociedad bastante sesgada para mi punto de vista. Uno no anda viviendo solo en la vida, uno vive con otros, en mi experiencia muchos intentan contarla como un gran mérito de mi parte no, como que yo un día me desperté y me transformé en el pibe que ya no tenía que robar más, que tenía que armar bibliotecas populares. No es que soñé, Es un laburo colectivo, que compromete mucha gente, muchas instituciones, que tiene mucho trabajo dispuesto, invertido. Osea la meritocracia puede ser útil para poder contar fragmentos de experiencias pero no es la justificación última de ningún tipo de política, ni proyecto. Todo lo que podamos hacer en sociedad siempre compromete a otro. Es un gran desafío para mí transitar la meritocracia.

¿Cuál es tu experiencia de armar bibliotecas populares dentro de los penales?

-En un inicio fue supervivencia, cómo vivir la cárcel de la mejor manera posible. Yo siempre me preocupé mucho por mis dientes, mis ojos, mi cuerpo. Fui condenado a 12 años de prisión a los 18 años, por lo cual de alguna manera decía: si salgo con vida de esta, quiero sonreír.
Y la educación te permite vivir la cárcel de otra manera, si vos te anotas en la escuela, estando preso te aseguras que todos los días vas a poder caminar un poquito más y por una maña que tenía de leer yo, siempre me gustó. Esa enseñanza de mis padres de que con la educación se podía vivir distinto, pero en la cárcel cuando mi familia iba a verme me dejaban libros empezaba a acumularlos en un gran capital literario en la cárcel, que después se transformó en una biblioteca más pública, para otros, que se vuelca a una sociedad encerrada, porque aunque estemos presos seguimos siendo parte de la sociedad, somos parte. Esa experiencia de bibliotecas en la cárcel me vuelve universitario y cuando me encuentro en libertad me pregunto “¿Y ahora cómo hago para no caer en cana? y ahí entendí inmediatamente que era a través de las bibliotecas, y ahí armamos la de La Cárcova. Somos la única biblioteca que está metida bien en la villa de Suárez, y me da orgullo contar que hoy hay más bibliotecas formándose en la periferia de Suárez.
Hay un amigo de todos que dice: “Agradezco hablar con la incertidumbre de ser escuchado, pero con la certeza de ser perseguido”, volviendo e insistiendo en que los villeros tenemos mucho que ofrecer por ser parte.