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Martes 07 de Agosto de 2018

Joaquin Lugo, el cocinero de La Cava

Joaquín Lugo vive en la Cava, se crio allí, y su infancia transcurrió entre “quilombos y milagros”, como siempre en los barrios populares, solo que cuando uno es niño la mirada es más inocente o por lo menos eso queremos creer.

Joaquín después de idas y vueltas  preguntándose “qué estudiar”, no encontraba su camino, pero ya era padre y entonces tampoco tenía tanto tiempo para pensar, ya que el pan de cada día dependía de su salario, por eso esa decisión era aún mucho más complicada. 

Pero la respuesta apareció y fue gracias a un tío, que muy sabiamente le dijo, “vos tenes que estudiar aquello que te va a hacer feliz todos los días, porque lo vas a hacer todos los días” y se dio cuenta de que eso que lo iba a hacer feliz todos los días era cocinar, cocinar para su familia, cocinar para otros y poder vivir de eso. 
Esa primera decisión marcó un antes y un después, no solo para él, sino para su familia, sus hijos, su vida.

Mundo Villa: ¿Gracias a quienes nace esta pasión? 
Joaquín Lugo: Gracias a mis abuelas, ella no eran cocineras profesionales, pero la paterna, Doña Dora, cocinaba mucho para la familia, los nietos, y lo disfrutaba. Y mi abuela, materna, que aunque muchas veces la situación estaba mal, en los cumpleaños o en cualquier acontecimiento siempre hacía empanadas tucumanas, alguna torta, ella cocinaba con alegría para todos, así nace mi pasión por la cocina, y ahora yo cocino esas comidas que ellas preparaban y la llevo a los eventos y trato de contar las historias que hay detrás de cada plato. 

Joaquín como más de trecientos pibes de las villas fue becado por la Fundación Integrar para estudiar gastronomía, porque como el muy bien lo dice: “Desde muy chico me gusto la gastronomía, pero es una carrera muy cara, es una inversión, pero hay que tener la plata para poder invertir”, rápidamente se pudo recibir y siendo ya un cocinero profesional de la Cava se convirtió en jefe de cocina, donde planteó que iba a necesitar un horario particular porque quería estudiar pastelería. Su jefe, redoblándole la apuesta le dijo que buscara una buena escuela, que le iban a pagar la carrera, y así terminó estudiando una Tecnicatura en pastelería y panadería, en la escuela del Gato Dumas. 

Pero no se conformó con estudiar, ni con recibirse, ni con ganar plata, porque (como todos los que vivimos en las villas) estamos atravesados por lo que le pasa al otro, a nuestros vecinos, nuestros amigos, por lo que pasa en la comunidad. Por eso a Joaquín, en una de esas visitas a su casa de la infancia encontró que lo que era su patio de juegos, se había transformado en una plaza, otro día que volvió y se dio cuenta de que donde estaba la estructura de su casa ahora había un comedor ¡Justo un comedor! Me sentí súper conmovido, afirma con una sonrisa de esas que generan una ternura infinita. 

Así es que comienza a colaborar en el comedor, para generar un espacio de encuentro entre los niños a través de un taller de panadería. Antes de merendar los niños del barrio y los hijos de Joaquín preparan el pan para luego llevárselo a su casa y de una manera muy clara, defiende su actividad “Ya que no puedan comer en su casa lo que yo trato de hacer, esas tardes, es que se sientan en familia porque así como hay que comer en familia, yo creo que hay que cocinar en familia también, porque es un momento de encuentro, charlar, compartir y eso es algo que hace la diferencia y un momento en donde aprendo mucho”

Yo creo que la gastronomía es un arte de inclusión social, como lo puede ser el arte o el deporte, por eso lo hago con el amor que me ensañaron mis abuelas, mis profesores, y como me enseñan en el día a día, mis hijos, de hecho mi vida cambio gracias a la gastronomía.