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Martes 23 de Enero de 2018

Rosa Ortega: "No puedo tolerar la violencia hacia las mujeres, hacia los niños "

Referente social, presidenta del barrio, mujer, madre de siete hijos y rebelde. Una entrevista exclusiva.

Por Gustavo Lara
Subdirector de Mundo Villa

Un día cualquiera de invierno, las chapas silban del frio y crujen tiritando. Se escuchan pasos varios, livianos, con miedo. De pronto se detienen en una casa y retumba la puerta ante el golpe de una persona, las cuatro restantes solo miran. Sale un hombre alto de modales un poco toscos y les pregunta que quieren, la que se encuentra al frente del grupo esgrime un "Queremos que no le pegues más a tu mujer" como respuesta y el hombre puede ver de refilón un palo justo un momento antes de que se hunda en su cara.

Rosa Ortega, se define así, corajuda, valiente, alguien a la que la violencia que vivió de chica en su hogar la hizo rebelde. 

"No puedo tolerar la violencia hacia las mujeres, hacia los niños me da mucha bronca y tengo que reaccionar de alguna manera. Yo vengo de una familia muy violenta, mi papá era muy borracho y le pegaba mucho a mi mamá. Entonces yo me quedé con eso, no podía ver al hombre golpeador. Cuando veía a alguien violento; a mí se me ardía la sangre, enseguida quería castigarlo. Se ve que psicológicamente quedé marcada con lo que viví de niña y jamás tuve miedo a los hombres sino que al contrario me enfrentaba permanentemente a aquellos que se aprovechaban o abusaban por su condición de género" dice y sus ojos se tornan salvajes como quien ve una presa en medio de la jungla.

Casi 30 años viviendo en la Villa 3, desde antes de que lo rebautizaran Barrio Fátima, desde antes de que se pudiera salir al trabajo a la madrugada sin sufrir un asalto.

"Yo salía con un revólver a la madrugada con otras mujeres y acompañábamos a nuestros maridos a la parada del colectivo porque eran moneda corriente los robos. En un momento me decían La justiciera pero no era yo sola habían muchas mujeres que también salían conmigo"

De a poco empezaron a juntarse, organizarse, formaron grupos de mujeres, para enseñarles como se tenían que defender. 

"Había un grupo grande de personas que se dedicaban a hacer daño a los propios vecinos, esos tiempos fueron de mucha violencia, se entraban a las casas a robar, hubo violaciones, también vecinos que fueron asesinados y en el medio estábamos nosotros que intentábamos cambiar un poco las cosas junto a personas que ocasionalmente conocíamos y nos ayudaban en la tarea de ir defendiéndonos, concientizarnos y no ir siempre al choque sino de tratar de generar un diálogo para que las cosas se resuelvan pacíficamente.

En este camino nos cruzamos a Pimpi Colombo que nos asesoró para ir a la comisaria a pedir que sean oficiales femeninos los que atiendan las denuncias por violencia de género, antes de eso los policías que tomaban la denuncia, hombres por supuesto, se reían o le preguntaban a la víctima: ¿Que había hecho para que le pegue el marido? ¿Porqué fue la golpiza? Como si hubiera algo que justificara la violencia”

“Empezamos a coordinar con la Dirección de la Mujer, a cargo de Cristina Reyes en ese momento, que nos asesoró sobre nuestros derechos y encontramos contención con psicólogos y demás. Así también entendimos que no podíamos hacer lo que veníamos haciendo porque también representaba un delito el pegarle a un hombre o entrar a una casa para escracharlo y escarmentarlo. Por supuesto que lo hacíamos con el aval de la esposa pero de todas formas no era la manera.”
“Y así fuimos creciendo pronto nuestras reuniones dieron lugar a la formación de “El Refugio” y encaramos diversas actividades que tenían que ver directamente con las cuestiones de género y la migración dado que mucha gente del barrio era de países limítrofes y se fueron sumando las cuestiones más urgentes como la infraestructura y todo lo que tenía que ver con la urbanización; cosa que yo no tenía muy clara pero que fui aprendiendo con el tiempo. También la cuestión de la seguridad un tema acuciante para los vecinos y que hoy en día hemos podido manejar de una manera que nuestro presente dista mucho del de aquellos días porque nuestro trabajo esta en los chicos en quienes van a ser el futuro  en educarlos, enseñarles, acompañarlos, contenerlos, que tengan conciencia plena de que no tienen que hacer cosas malas, que no hagan daño a sus vecinos. 

Todo el tiempo se me acercan a hablar o me piden comida, un lugar para dormir. A mi se me me estruja el corazón cuando me hablan, me cuentan como su mamá consume y los deja abandonados, el otro dia un nene de no mas de 111 años me dice ‘Mi mamá se fue a la perito (Villa 1-11-14) de gira y no vuelve o vuelve re dura, así que no voy a dormir en casa prefiero estar en la calle’ -¿Y sabés que pasa?- Ese pibe después termina drogándose y robando, yo me ofrezco un lugar, que venga a comer pero no llego a dar respuesta para todos me faltan recursos. Mi sueño es tener una casa grande donde pueda recibir a estos chicos y ahí darles contención, ellos necesitan una madre, necesitan amor alguien que los guie que le muestre el camino, alguien que les diga que es lo que está mal, una mamá porque no tienen una madre un padre, sus realidades son otras. Muchos salen a robar para darles a sus hermanitos, o para comprarse unas zapatillas un celular cosas a las que jamás van a tener acceso o que al menos aprenden a que no hay otra manera de conseguir las cosas si no es robando. Y eso está mal, por eso yo quisiera algo asi como una casa donde se pueda trabajar más de lleno con los niños y ahí se va a ver el verdadero cambio. A veces uno se siente mal porque la ayuda que da es solo momentánea y lo que ellos necesitan es un acompañamiento permanente.” Cuenta y no para de gesticular sus ojos se cristalizan ante la emoción señala hacia los pasillos y detalla que ahí vive un pibe que le falta el papá y se está empezando a juntar con chicos más grandes que viven al fondo todo el tiempo lo invitamos a que venga al comedor a la radio pero llega un momento en que le tira más irse con los otros pibes y es ahí donde hay una ausencia del estado, ausencia que pienso no están difícil de cubrir, solo es cuestión de tener voluntad.”

Camina y mientras saluda nos muestra el SUM (Salón de Usos Múltiples), la Casa de Día que hoy por hoy recupero su actividad en base al permanente empuje de ella y Nadia, la Vice-Presidenta, el Jardín de Niños, los espacios de deportes. 
Este es su barrio su Refugio que se transformó con esfuerzo y en el que ella tuvo y tendrá mucho que ver, ganó las dos últimas elecciones y se avizora como la única opción viable para las próximas, mientras se llena las manos de actividades, propuestas e ideas para seguir avanzando en esto de mejorar el mundo con acciones pequeñas, en lugares pequeños.