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Martes 08 de Mayo de 2018

Nidia Quinteros vecina histórica que a diario desde el comedor “Ositos Cariñosos”

Desde hace casi 30 años viene trabajando Nidia Quinteros vecina histórica y luchadora tenaz que a diario desde el comedor “Ositos Cariñosos” da de comer a más de 700 personas. Tan amable como sencilla, nos contó su historia y la del comedor desde el preciso.

Por Gustavo Lara

El barrio INTA (se llama así por una fábrica textil que dejo de existir hace muchos años pero que en un primer momento la mayoría de habitantes de la villa trabajaban ahí) se encuentra en el límite de la ciudad de Buenos Aires delimitado por la General Paz y la Autopista Dellepiane; allí desde hace casi 30 años viene trabajando Nidia Quinteros vecina histórica y luchadora tenaz que a diario desde el comedor “Ositos Cariñosos” da de comer a más de 700 personas. 
Tan amable como sencilla, nos contó su historia y la del comedor desde el preciso lugar donde todo empezó, el pie de un árbol que hoy ya no está pero sigue dando sombra a su historia.

¿En dónde nos encontramos en este momento? Contanos que hacías en este patio hace muchos años atrás. 
Yo empecé acá, hace muchos años, después de esas cosas que nunca más quisiera que pasaran, después de los militares, cuando empezó a verse la miseria,  debajo de un árbol, que ahora ya no está. Empezamos desde la nada, porque la necesidad era muy grande. Por eso nos plantamos para hacer, lo que teníamos que hacer, porque los chicos no tenían nada para comer, y los grandes tampoco. En ese entonces, mi marido era el presidente del barrio. Y por eso él tenía que ir delante de todos los vecinos para pedir en los supermercados, “para pedir si, para saquear no”, decía siempre. Se juntó un grupo de vecinos, y fuimos a pedir dignamente, y nos ayudaron. Después ellos solos nos mandaban las mercaderías para que nosotros podamos cocinarles a los chicos y a toda la gente que necesitaba comer, y así empezamos. Los cajones eran las mesas de los chicos, y también sus sillas, cada uno traía sus platitos, y sus cubiertos, y así empezamos con las ollas populares. Ahí fue cuando muchos volvieron a sus casas, donde nos fuimos amontonando, fue cuando el hambre se sintió más. 

¿Por qué ustedes se quedaron mientras que la mayoría de los habitantes se tenían que ir?
Porque nosotros estábamos con una cooperativa de la Iglesia, y el cura nos ayudó, él decía que “nadie tenía que molestarnos, porque nosotros ya teníamos casas, solo que estaban en construcción”, esas eran casa para la gente de la cooperativa, por eso nos quedamos, eran como 12 casitas, después alambraron todo, cerraron todo, y recién después los militares se fueron. A los dos años, más o menos, se volvió a llenar el barrio de nuevamente, y ahí fue cuando empezó toda la miseria, y ahí empezamos nosotros con las ollas populares, hasta ahora, que no paramos. 

¿Usted sentía la necesidad de ayudar a sus vecinos? 
Si yo sentía mucho, porque los chicos no tenían zapatillas para ir a la escuela, y los chicos querían comer, y por eso yo me puse al frente y así empecé y así todavía estoy. Fuimos creciendo, a medida de que la gente iba viendo como intentábamos ayudar a la gente con sus distintas necesidades. Luego promoción social, al ver la magnitud  de nuestro comedor, nos ayudó con la mercadería. 

¿Cómo fue creciendo el barrio? 
El barrio fue creciendo bastante, entre todos fuimos dándole forma a las calles, como tenía que ser, con agua, cloacas, pero fue una lucha bastante grande, hasta ahora, porque la gente quiere pagar y vivir bien como tiene que ser. Que no nos digas “negros de mierda”, porque muchos queremos pagar nuestras tierras como tiene que ser. 

¿Cómo están trabajando en este momento? 
Ahora yo tengo 600 personas que vienen a comer, también tenemos 170 chiquitos en el C.P.I.  de 45 días  a 3 años, y también hay un jardín. 
“Hace falta mucho” dice, “Todavía hay que arreglar el tema de la luz para que no se corte tan seguido y el gas. Hace algunas semanas nos quedamos sin gas porque el repartidor no entraba al barrio y no hay una instalación de gas natural, la pasamos muy mal porque no sabíamos como cocinar. Por suerte la solidaridad de la gente y la buena voluntad obraron para que podamos solucionar este problema”