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Jueves 01 de Marzo de 2018

Bilma Acuña: "La falta de oportunidades crea violencia"

Bilma vivió en Cuidad Oculta casi toda su vida , es madre por sobre todo, madre en lucha por los chicos que están en consumo problemático de sustancias. Entrevista exclusiva.

Por Dalma Villalba

Bilma vivió en Cuidad Oculta, casi toda su vida, salvo cuando la dictadura se lo impidió a ella y muchas familias más, “era muy, muy chiquitita cuando me mudé pero los mejores recuerdos son que esto era un barrio de obreros, la solidaridad de los vecinos, el trabajo comunitario porque la mayoría de las familias trabajaba acá en Mataderos. Entonces los más grandes cuidaban a los más chicos, me tocó vivir toda esa experiencia, porque mis padres trabajaban entonces nos cuidaba un vecino. Yo por ejemplo, nunca tuve un juguete porque no había dinero para eso. 

De repente tenía 11 años cuidaba a los más chicos y me ganaba unas monedas. No fui niña, como muchos chicos en las villas que no son niños porque tenemos responsabilidades.  Pero a pesar de todo la verdad es que tengo muy buenos recuerdos de mi infancia y niñez”.

Atravesada por la vocación de servicio y la necesidad de transformar su barrio, desde siempre, al principio por sus amigos, luego por hijos, y después pensando en toda la sociedad, su lucha y su trabajo, que genera mucha admiración, ya tienen un largo recorrido.

¿Desde cuándo empezaste a trabajar y a pensar en el otro?
Yo era muy chica, tendría 14 años y trabajaba en la Capilla de Ciudad Oculta, con el Padre Pedro en lo grupos juveniles, visitábamos las casas, los enfermos, veíamos la necesidad de los vecinos y tratábamos de ayudarlos. Eso fue hasta que cumplí 15 años y vino el proceso militar y fuimos erradicados, fue el mayor dolor y mi primera pérdida, porque todo lo que habíamos conocido y construido entre los vecinos, como eso de la solidaridad se fue quebrando, porque no nos podíamos reunir. Y tenía miedo, y yo con mi corta mi edad no entendía mucho que era ese miedo, yo veía que los jóvenes que eran mayores que nosotros decían que tenían miedo, que no nos podíamos reunir, que estaba prohibido, que éramos una amenaza, y no entendíamos a quien amenazábamos con hacerle un bien al otro, con tratar de mejorar la calidad de vida de los habitantes de nuestra comunidad, no entendía porque molestaba eso.
Y nos despedimos con los jóvenes, algunos volvieron a su provincia, otros se fueron a sus países, algunos pocos armaron una cooperativa de vivienda y se fueron a la provincia donde era mucho esfuerzo porque debían trabajar y armar sus casas con sus manos. Realmente fue muy dolorosa la despedida, porque había incertidumbre de qué iba a pasar luego, éramos jóvenes de 15, el mayor tendría 18 años, y nuestro líder tenía 25 años. La incertidumbre de qué iba ser de nuestra vida, me marcó muchísimo en toda mi juventud. Ver todo eso y sentir que no sos nada por ser pobre y que tu vida no valía nada. Nos sentíamos como basuras. Fue un gran golpe. Luego me fui involucrando, siempre tratando de ver porque tanta injusticia, de repente nos discriminaba, la violencia institucional, porque no conocíamos otro tipo de violencia, había escasez, pero nunca nos faltó la comida.
Estuve trabajando con los grupos protestantes, la iglesia evangélica, siempre tratando de ayudar al otro, porque eso también es gratificante para uno mismo. Así comencé y seguí con la creación del grupo comunitario en el año 1993, con las ollas populares. Nuestro grupo se llama En-Hadcore, que significa Manantial que clamo, extracción de una parte de la Biblia. 

Desde esos primeros pasos ¿Cómo te viste superando esas pérdidas? ¿Quiénes te acompañaron y lo siguen haciendo hasta ahora?
Los sacerdotes de mi época cumplieron una gran función, luego un referente que nos acompañó mucho y nos dio el valor que necesitábamos, porque él decía que por ser pobres no había derechos a discriminarnos, Juan Cymes, del cual yo aprendí mucho, él no vivía en la villa y eligió vivir acá. Era sociólogo y con él se armó lo que fue el Movimiento Villero y la Pastoral Villera, con la monja y los curas villeros tercermundistas. 

Pasada la dictadura militar él muchos ex vecinos volvieron a Cuidad Oculta, pero el barrio ya no era el mismo, las necesidades y los problemas tampoco, la situación económica y el amanecer de una nueva “democracia” aun tenía muchas cosas por saldar, y como siempre, históricamente, los más golpeados son siempre los de abajo. Ese volver, también marco mucho la vida de esta adolescente, que intentaba a ayudar al otro, a pesar de todo, a pesar del miedo.
Cuando volvimos después de la dictadura empezamos a ver otro tipo de violencia: el consumo de drogas, la marca de territorios, los jóvenes que se mataban entre ellos. Fueron años muy difíciles y en ese contexto, llega él (Juan Cymes), para poder acompañar y decir “hagamos algo frente a esto, que nos pega fuerte”. Porque más allá de que los jóvenes se mataban entre ellos y empezaban a consumir drogas, también estaba la policía que nos mataban, y nosotros no salíamos en los diarios, la vida no valía nada y morían muchos chicos de 13, 14, 15 años a manos de ellos. Eso me inquietó bastante, perdí varios amigos, muchos seres queridos y familiares en contextos de abandono.
Luego a partir de los 80' empezaron a cerrarse las fábricas, muchos padres se quedaron sin trabajo, los chicos comenzaron a parar en las esquinas y todo eso genera violencia. Si tenes la etiqueta de villero más consumidor de drogas, ¿dónde vas a conseguir trabajo? La falta de oportunidades crea violencia, el no tener para comer, es violento, que te llueva sea más adentro que afuera, el abandono, la indiferencia es violencia. 

Por eso traté de involucrarme en mi juventud, por todos esos derechos que fueron negados. 
El tema del abandono, de la violencia, el no tener para comprar los útiles de la escuela, no tener regalos ni juguetes porque todo siempre pasaba de largo, eso también como niño y joven se sufre mucho. 

Y uno dice bueno me caso, va ser lindo y tampoco fue así: porque viví violencia de género, cuestiones que me pasaron en la vida, de las que quedan marcas, pero se superan.  Así es que eso me da la experiencia para escuchar al otro, porque lo he vivido, se lo que se siente ser humillada, flagelada. Con todo eso y a veces nacer en un contexto  así trae discriminación y pobreza.

Bilma habla con una sabiduría y se emociona al recordar su niñez, su adolescencia, sus pérdidas y carencias, pero a pesar de todo ese contexto, no pierde la esperanza, y sigue trabajando por el otro,  a pesar de que aunque muchos jóvenes no hayamos vivido esa situación, al escucharla hablar pareciera que está describiendo situaciones que vamos experimentando, desde un tiempo a esta parte. 

¿Vos crees que la historia se está repitiendo? La historia de la falta de trabajo, el cierre de fábricas, la violencia y la muerte  genera toda esta situación. ¿Cómo ves a Ciudad Oculta y al país en general? ¿Se podrá revertir?
Sí principalmente tenemos que involucrarnos toda la sociedad, el Estado, los políticos que hacen leyes que van en contra del ser humano.  Las acciones políticas son muy importantes, el recorte en salud, en prevención de adicciones, en cultura, ya lo pasamos y creo que ahora se potenció mucho más, porque se había logrado un avance: equipos profesionales que nos ayuden a caminar los pasillos, acompañando a las familias, éramos oídos. Hoy es todo un retroceso, incluso la policía que estaba para mediar entre los vecinos hoy está para reprimir. Hace unos días atrás había un pibe consumidor, no les gustó la cara y lo patearon y le pegaron, los policías. No estaba delinquiendo, insultando, nada, solo por el hecho de ser adicto, lo golpearon y lo desfiguraron. Nadie tiene derecho a golpear, esto es un retroceso.
La policía nos dice que ya se terminaron los derechos humanos nos sentimos como huérfanos y otra vez nos quieren hacer sentir que somos basura, y no lo somos, tenemos sentimientos, familias, y nuestros hijos también tienen derecho a vivir.

Y Bilma se quiebra, nosotros apagamos la cámara y también nos emocionamos, nos damos un abrazo, tomamos agua, suspiramos y seguimos, como siempre, como todo en la vida, hasta que ya no se pueda más, seguimos. Y estas cosas que ella describe, son situaciones del día a día que vamos naturalizando, que nos vamos a la que nos vamos acostumbrando. Y que pareciera no tener fin, como tampoco tiene fin la esperanza y la angustia de esas madres que luchan día a día para que su hijo intente recuperarse. 

¿Cómo ves el tema de las adicciones, cómo ves a los jóvenes y que ideas tenes para que eso pueda disminuir un poco más?
El consumo aumentó  muchísimo, no tenemos alternativa para los chicos, no hay lugar de tratamiento, juegan mucho con la voluntad del chico, cuando había un artículo que dice “si la persona es peligrosa para sí o terceros tiene que recibir tratamiento sí o sí”. Eso ahora no lo podemos hacer, nos piden testigos, abogados, escritos para confirmar si el chico necesita tratamiento. Hay mamas que lo logran pero en las comunidades terapéuticas le preguntan al joven si quiere recibir tratamiento y si dice que no, vuelven, y no lo pueden dejar obligándolo porque es privación ilegítima de la libertad. Entonces estamos perdiendo chicos, los matan o se los llevan a las cárceles, chicos consumidores y siento mucha impotencia, porque ellos no pueden recibir tratamiento. Y si el chico por su voluntad recibe tratamiento, tratar de darle herramienta para que vuelva a insertarse en la sociedad. Nosotros tenemos un proyecto de panadería, distintos talleres de capacitación para jóvenes y queremos darle un escenario diferente al que conoció, para eso también necesitamos ayuda profesionales, voluntarios y que no se sigan recortando en capacitaciones.
Trabajar mucho con la familia y los padres


¿Cómo las acompañan los voluntarios y los profesionales todo ese proceso?
Acá vienen profesionales y voluntarios que vienen a colaborar con nosotros, no tenemos a alguien desde el Estado que nos acompañe. Es muy violento tener un hijo en situación de consumo, teniendo en cuenta la convivencia, el día a día, es muy doloroso. Las mayorías de las mamas terminan muy enfermas, hay familias que tienen 2 o 3 hijos que consumen, entonces los brotes en abstinencia, los conflictos, todo eso se potencia. Y esto termina en violencia, y nadie se puede meter porque dicen que es violencia familiar. Y ya no tenes donde ir a pedir ayuda. 
A veces las familias no tienen ni para pagar el colectivo, todo es un desborde, y que un padre diga "le tengo miedo a mi hijo", o "se lo busca", es sinónimo de que estamos mal, por eso es importante que el Estado y las organizaciones nos acompañen. 

Es conocido el descontento de todas las organizaciones y profesionales con respecto a los cambios en tema de adicciones y la leyes sobre salud mental, y a pesar de esto, las mujeres, las mujeres generalmente pobres, son las primeras y las ultimas tomando la posta, cuidando a sus hijos o yendo a buscarlos a los container de las villas, como también el trabajo de los curas villeros que ponen alma, vida y corazón, para que se pueda hacer un mínimo de frente a la demanda de internaciones y rehabilitaciones para jóvenes y adultos en situación de consumo, pero como sabemos en las cuatro paredes, el hacinamiento y la incertidumbre del mañana todo se potencia

¿Cómo se hace en el día a día con estas madres y familias que viven con problemas?
Acá se sobrevive y siempre salimos de todas las normas porque siempre se superan las urgencias, tenemos muchas actividades todos los días, ahora vemos que nuevamente empezó la violencia en los pasillos y eso no lo habíamos mejorado. La indiferencia causa impotencia, eso te supera y genera violencia.
Con las mamas nos une un mismo dolor, mateamos juntas, trabajamos juntas, planificamos y a veces también reímos un poco de las cosas que nos pasan. No estamos negando nuestra realidad si no apoyarnos, compartir, de eso se trata este centro. ¿Cómo está funcionando el comedor? ¿Qué actividades tienen? Esta es una familia grande donde los chicos crecen, hacemos miles de cosas, tenemos un grupo a la mañana y otro a la tarde. Tratando siempre de ver en cada golpe que nos dan, presentar una alternativa de vida, pero tratamos de levantarnos siempre, tener un proyecto de vida. Los villeros somos eso que no se quiere ver, y siempre nos etiquetan. Le pido a la sociedad que despierte, que no haya indiferencia.

¿Cómo ves a los jóvenes en este momento crítico? 
Que tengan esperanza, que pierdan los miedos, porque el miedo también es nuestro enemigo, pero tenemos que gritar las cosas que nos pasan y que nos duelen. Que peleen por nuestros derechos y nuestro derecho es tener una vida digna.