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Jueves 22 de Febrero de 2018

Las favelas de Rio de Janeiro otra vez militarizadas

Sólo en enero de 2018, la policía de Río de Janeiro mató a 66 habitantes y moradores de favelas. Este es el dato más evidente del paisaje carioca en el presente.

  • Foto de Archivo Mundo Villa en el Complexo de Alemao

Vivimos esa situación porque los espacios periféricos de Río de Janeiro -en particular las favelas- fueron representados durante la mayor parte de la historia desde una perspectiva distorsionada, construida por representantes de los grupos dominantes de la ciudad presentes en los grandes medios, en los órganos estatales, universidades y espacios similares. Eran ellos - hombres, adultos, blancos, ricos o de clase media en general - que establecían una forma determinada de definirse y de mirarse a las favelas.

Estas miradas se fueron diferenciando durante el siglo XX, yendo de una visión higienista hacia una visión idealizada - "el buen favelado". De una visión de los residentes como rehenes de la violencia para una percepción de que serían potenciales criminales, comprometidos con las facciones de traficantes de drogas. Esta representación se volvió dominante, especialmente a partir de la década de 1980.

Mientras tanto, los moradores y moradores de los espacios periféricos iban afirmando su derecho a la ciudad, luchando para garantizar su (legítimo) derecho a servicios, y afirmando su forma de vivir el espacio urbano - especialmente a partir de la construcción de manifestaciones culturales plurales que se diseminan por la urbe y por el país. La música y la danza, especialmente el Funk, el Samba, el Hip Hop y otras manifestaciones de potencia se han vuelto cada vez más amplias y envolventes, forjando un estilo de ser joven de las favelas y periferias.

Por encima de todo, las favelas, particularmente, pasaron a contar con nuevas organizaciones sociales en la educación, en las artes, en la investigación - generando nuevos sujetos, capaces de interpretar la realidad de esos territorios a partir de nuevos paradigmas, nuevas formas de comprensión de las dinámicas, prácticas y de las representaciones de mundo producidas por los actores locales. Se constituye, entonces, lo que la Carta de la Maré - Manifiesto de las Periferias - proclama como el paradigma de la potencia de las periferias.

En esta formulación innovadora, acuñada por el Observatorio de Favelas desde principios de los años 2000, los territorios populares son vistos a partir de las inmensas contribuciones que dan a la vida urbana.

De hecho, en esos territorios - construidos a partir de la iniciativa de los trabajadores urbanos desprovistos de apoyo del Estado o del Mercado para garantizar su derecho constitucional a la vivienda y otros básicos - se construyeron formas innovadoras de sociabilidad; instituciones y mecanismos comunitarios dedicados a la conquista de políticas públicas; formas solidarias de cuidado y acompañamiento de las demandas de niños y ancianos; así como mecanismos creativos de regulación del espacio público.

Sabemos que el Estado, por inacción, no tiene capacidad de ejercer su autoridad de forma efectiva en los territorios favelados. Allí, grupos criminales controlan espacios públicos y se legitiman a partir de la oferta de una determinada protección al patrimonio y contra violaciones, como la violación en los espacios públicos. Por otro lado, más que apenas ver pasivos el poder de las facciones, los moradores hacen proposiciones, encaminan iniciativas que materializan mecanismos de protección de necesidades básicas que van más allá de la lógica de la violencia y terror - hegemónicas en las representaciones de los sectores dominantes de la ciudad.

La sostenibilidad de las favelas y otros territorios periféricos cariocas no se deriva, por tanto, de un mecanismo externo, teniendo como referencia órganos estatales o el Mercado. Es fruto de un proceso histórico de afirmación objetiva y práctica de sus habitantes de sus derechos de vivir en el espacio urbano, de procurar garantizar el acceso a servicios y equipamientos públicos dignos y de inventar sus vidas a partir de sus propios valores.

A pesar de todo ello, dignidad humana, solidaridad, inventiva, participación, protección y percepción de lo común están presentes en el cotidiano de los moradores y moradores de las favelas en diversas formas. Son esos elementos que les permiten vivir bajo la ausencia del Estado como garante de derechos y como algoz en el campo de la seguridad pública. Son esos elementos que valoran las posibilidades de construcción de una experiencia democrática y ciudadana que sea de abajo hacia arriba, no impuesta por las fuerzas dominantes de la ciudad. Son ellos quienes, por encima de todo, en medio de la barbarie producida por una lógica insana de "Guerra a las Drogas", generan las posibilidades de afirmación de la condición humana de millones y millones de ciudadanos de San Sebastián de Río de Janeiro.

* Jailson de Souza Silva es profesor de la Universidad Federal Fluminense, escritor, fundador del Observatorio de Favelas y director del Instituto Maria y João Aleixo.