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Martes 21 de Noviembre de 2017

Cuenteros, Verseros y Poetas

Entrevista a Roció Raiberti, parte del Equipo Extra Muros de la Editorial del Pabellón 4 "Cuenteros Verseros y Poetas".

¿Qué significa Cuenteros, Verseros y Poetas?
-Cuentos Verseros y Poetas, es un ejemplo revolucionario que se hace carne día a día, además de ser una editorial, es una cooperativa cartonera que funciona en el Pabellón Número 4, Pabellón de Población, de la Unidad 23 de Florencio Varela. ¿Qué significa un Pabellón de Población? Generalmente es un sector de la cárcel, donde las rejas y los pasillo se hacen más terribles,  cuando se cierra la puerta, los presos, o algunos presos mandan. Es un autogobierno, que en general suelen ser muy cruel y violento, en el pabellón de población, el “Estado” solo aparece para violentar o cuando hay un quilombo importante. La mayor parte del tiempo, están solos. Y dentro de este contexto florece este proyecto y eso es también lo que hace especial porque en general todo lo que es de educación y cultura, se da en el sector de educación de la cárcel, y no todos los presos pueden acceder.
En este Pabellón 4 se armó una biblioteca, con algunas computadoras se van digitalizando los textos y editando. También está el sector de clase, de lectura, de escritura, de corrección, es una cooperativa cartonera, porque si bien aunque algunos libros se sacan en una imprenta, miles de los libros cartoneros son fotocopias, hechas con cajas pintadas estas cocidas o pegadas, tapas de cartón pintadas y eso es una veta artística que tienen los libros. 

¿Cómo nació esta idea? 
-Todo esto arranco en los años 90´ cuando Alberto Sarlo estudiaba abogacía, a él lo llevaron como práctica de la facultad, a un penal, al principio hicieron lo que estaba “preparado”, hasta que la profesora dijo: “No, no, vamos  a ver lo que es realmente una cárcel, como viven los chicos que no están para mostrar”. Ahí Alberto vio las condiciones de hacinamiento y violencia en la que viven los presos. También decidió que no iba a trabajar en derecho penal.  Hasta que en el 2001, con el estallido social, él se dio cuenta que tenía que hacer algo, y empezó a golpear puertas. Recién en 2010, logra tener un espacio en las aulas de la cárcel de Varela. Como sabemos, un porcentaje muy pequeño accede a la educación, y el noto por ejemplo que los presos, desde la celda hasta el aula pasaban por el patio de la cárcel y le gritaban:  “Eee vos que sos puto”, “ ¿Qué te haces el escritor?”. Discriminación no solo de otros presos, sino también del guardia cárcel. Digamos: no está bien visto que el preso aprenda, escriba, demuestre sus sentimientos en un mundo machista, en un mundo violento como es la cárcel. Luego de un tiempo se pasaron al pabellón,  las clases, y en estos casi 8 años, en el pabellón 4 bajo la violencia, aprendieron filosofía y están pensando que hacen ellos… leyeron a Gramsci y se preguntan ¿Porque nada más los presos son pobres?  Empezaron leyendo cuentos para niños, cuentos que reivindican el valor de la familia por ejemplo, empezaron a leer a los clásicos de la literatura, a Borges, todo este proceso de introspección mental, lo llevo a cada uno a un proceso individual, pero también como colectivo que son dentro del pabellón, se armó una muy buena convivencia, basada en el debate, la política democrática, que se ve en todos los libros que vamos sacando….

¿Cómo trabaja la editorial? 
-Tenemos 2 grupos en la organización. El grupo intramuros (los chicos que están adentro) son 56 internos que están viviendo, en un pabellón que está preparado para más o menos 30 personas, del lado de afuera somos 3 personas Carlos Miranda Mena, un chico que de sus 36 años, estuvo preso 16, y en la última condena que paso en Varela, conoció el proyecto, se engancho, antes era chorro, ahora es escritor, hace un año que está en Libertad, y está haciendo charlas, repartiendo libros, yendo a eventos, este es el trabajo conjunto que hacemos los de afuera. Alberto Sarlo, que es el abogado, que da las clases, el que creo el pabellón, el que se ocupa de muchas de las políticas a nivel penitenciario, digamos. Y estoy yo (Roció), que me sume hace dos años, yo soy periodista, y me encargue de difundir que en el pabellón 4 hay internos que están escribiendo, en este tiempo salimos en medios alternativos, pero hace unas semanas salimos por Telenoche, por ejemplo. Los chicos de adentro producen y los del lado de afuera repartimos y contamos lo que hacen los del Pabellón 4. 

¿Cómo está ahora el Pabellón 4?
-Los presos pudieron descubrir  nuevas formas de convivir, más allá de que se toman las decisiones de forma grupal y democrática, no hay facas, no hay cuchillos en el pabellón, no se consumen pastillas. Las pastillas vendidas por el servicio penitenciario, ahora en vez de pelearse por quién tiene el cuchillo más largo, se pelan por quién escribe el mejor texto. Antes estaban pensando cómo conseguir unos mangos para comprarse la pastillita y ahora están pensando que libro van a leer a la noche.
En siete años, hubo uno sola muerte en el Pabellón 4, esto es nada. Porque hoy en día en el sistema penitenciario muere un chico cada tres días, podríamos decir que se salvaron a través de la literatura. Estamos convencidos de que la literatura es lo que les abre la cabeza a los chicos. Lo importante es que la sociedad entienda que al preso no hay que darle un tiro, sino ofrecerle libros.

¿Qué buscan lograr con este trabajo? ¿Creen en la “reinserción”?
-Nosotros no hacemos reinserción, nosotros no pretendemos civilizar al preso. Lo que queremos es que ellos tengan herramientas para sí mismos, pensarse y repensarse socialmente. Creo que el mayor exponente es Carlos Mena, que cuando salió después de ocho años de condena, realmente hizo varios clicks y dijo: “Che, yo soy pobre, soy negro, soy todo lo que la sociedad odia pero yo me voy a parar desde otro lado”. Y ahora está laburando como profesor del servicio penitenciario, esa fue una gran victoria cultural de decir, -Bueno el que antes venía como preso, ahora viene como profesor. 

¿Hay muchos Carlos?
-Me encantaría decirte que hay más ejemplos como él, pero no es la realidad. Más allá de lo que hagamos nosotros, tenemos que entender que cuando los largan en libertad, hacen eso, los largan. A las dos de la mañana, en Varela, a lo sumo con el documento, sin plata, sin nada y le dicen: “chau flaco, arréglate”. 
Y ahí imagínate, muchos salen y no saben ni leer ni escribir, no tienen acceso a la educación, no tienen contactos, están totalmente abandonados y es muy complicado que logren “reinsertarse” con la poca e inexistente ayuda que les da el sistema penitenciario. Nosotros realmente no hacemos rehabilitación porque es utópico desde nuestro lugar de la editorial, pensar en algo tan complejo como es recibir a una persona que estuvo tantos años encerrada y pretender que de un día al otro haga la vida de ciudadano.
Con Carlos por ejemplo cuando salió le tuve que comentar como usar la sube, o va caminando y de repente se queda parado pisando el pasto, porque hacía tiempo que no lo hacía. Hay un montón de cosas que se nos escapan  a los que estamos en libertad siempre. Por ejemplo viajar en auto a algunos los descomponen, porque la luz del sol los marea, estas son algunas de las pequeñas cosas en las que nadie piensa cuando un pibe sale de estar en cana. 

¿Qué sueñan desde Cuenteros, Verseros y Poetas?
-Creemos que no es un sueño que el arte salva, que la literatura abre la cabeza y muestra otra forma de vivir. Soñamos en expandir el proyecto a otros lugares, donde también puedan apropiarse estas herramientas, que el servicio penitenciario y el Estado cumplan realmente su tarea, que el preso viva en condiciones dignas, que la educación sea realmente accesible, que muchos más puedan ser parte y que existan muchos como Carlos.