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Domingo 19 de Noviembre de 2017

El oficio en la sangre

¿Qué caracteriza a Mundo Villa como el primer medio de comunicación villero en el país? Federico Bianchini, nos lleva a través de las palabras a rememorar los inicios de este proyecto que surgió hace 9 años.

  • Ilustración: Eio (Leandro cepeda)

Por Federico Bianchini.

Cuando Israel era chico su casa se llenaba de nenes que cursaban talleres de periodismo en el comedor. A él, le interesaba más el fútbol. Si se rompía una cloaca, su papá, Adams, iba a buscar una cámara, sacaba fotos y decía: "Hay que escribir sobre esto".

-Para él, tener un canal de barrio era un sueño. Los vecinos debían saber lo que pasaba en la villa, porque los grandes medios sólo vienen cuando hay asesinatos, robos o protestas- dice Israel, sentado con sus compañeros en una gran mesa ovalada en la redacción de MUndo Villa, a dos cuadras de la Plaza de Mayo. 

En 2008, un juez porteño declaró la Emergencia Comunicacional de la  Villa 31, en Retiro, a minutos del Obelisco. Un barrio, en medio de la Capital Federal ,  que no tenía acceso a la comunicación ni a información.

-En ese momento, el fundador del Instituto Nacional contra la Discriminación, Víctor Ramos, estaba filmando una película con actores y directores de la Villa 21 de Barracas- cuenta la editora Paula Stiven.

Y así surgió el periódico Mundo Villa, que se diferenciaba de otras publicaciones porque las notas trataban sobre el barrio y eran hechas por personas que vivías allí.

Los redactores sabían de lo que hablaban. Todos querían, siguen queriendo, que las villas se urbanizaran. Todos querían La Patria Grande, que Latinoamérica se integrara: todos quieren que la pobreza no se estigamtice.

En el primer número publicaron una entrevista al padre ´Pepe´ Di Paola, un "cura villero"; una nota que hablaba de los chicos con plomo en la sangre, y otra del cementerio de autos de Lugano.

Al principio, trabajaban con los delegados o referentes del barrio. Pero se fueron dando cuenta de que la información venía contaminada por intereses políticos.

A los 14 años Israel, aquel chico al que le interesaba más el fútbol que la pasión de su padre, hizo el curso de periodismo. Le empezó a gustar, fue aprendiendo más, agarró la cámara. Luego dio clases sobre cómo entrevistar a los vecinos, cómo agarrar un micrófono.

El 4 de septiembre de 2010, en la Villa 31 llovía. A la madrugada, un vecino le avisó a la esposa de Adams Ledesma que su marido "estaba afuera, tirado en el piso". lo habían acuchillado. La ambulancia tardó más de una hora y media en llegar. Ledesma murió esa mañana.

Dos años después, un chico que vendía paco -la llamada "droga de los pobres", elaborada con pasta base de cocaína- y a quien Ledesma había echado varias veces de su manzana, fue condenado por el crimen a 18 años de cárcel.

En ese momento, los vecinos se acercaron a Israel. Además de las condolencias le pedían que siguiera con el canal, que no lo dejara. De a poco, él y sus compañeros de los talleres de periodismo se fueron transformando en referentes informativos de la villa. Si pasaba algo, alguien se acercaba y se los contaba.

-Quiero que lo publiques -les decían.
-¿Qué pasó? -Les preguntaban luego, si  no salía.

Se fue estableciendo un vínculo de confianza.
-A veces, grabamos los debates que se hacen en la Legislatura sobre la urbanización del barrio: es información que nos interesa a todos los que vivimos acá, pero que de otra manera no llega -dice Israel.

-Los periodistas vienen, miran, toman nota y escriben lo que les parece -dice Dalma Villalba, que empezó a estudiar en los talleres cuando tenía 14- .Nosotros vamos y les decimos: ¿Te podemos preguntar algo? Y los vecinos nos cuentan lo que quieren. Saben que no los vamos a editar ni a sacar de contexto. 

Mario Canaviri Cussi estudiaba Comunicación en la Universidad de Buenos Aires, pero no le iba bine. Intentó anotarse en una escuela privada, pero la cuota costaba demasiado: se enteró de los talleres y fue. Pensó que serían de periodismo gráfico: se encontró con uno de radio. Justo él, que era tan tímido.

-Acá no te explican solamente cómo hacer una cabeza informativa sino que se charla, se toma mate, te preguntan cómo estás, qué pensás del barrio -cuenta-. Descubrí que no me interesaba entrar en un periodismo de empresa privada, sino en uno que tuviera participación territorial, inclusión social.

Los talleres se dan en distintas villas de la ciudad, Soldati, La Cárcova, La 21. Hay chicos, chicas y gente más grande. El periódico se distribuye de forna personalizada y gratuita: una parte va a los barrios y, dependiendo de la denuncia de tapa, otra parte se envía a los funcionarios responsables de resolver el problema.

-Ahora estamos tratando de venderlo en los kioscos, pero con lo que juntamos de ahí, todavía no podemos hacer ni un asado -dice Stiven.

El único tema con el que no se meten es con los transas: ¿Quién vende la droga en los barrios?Todos los vecinos o saben. ¿Para qué escribirlo? La Villa 31 está en el medio de la ciudad: hay prefectura por el puerto, policía aeronáutica por el aeroparque, gendarmería por la terminal, policía federal y policía metropolitana.

 -¿Y nosotros vamos a denunciar al transa? No podemos, porque o nos cae la policía o nos caen ellos. No tenemos espalda para hacerlo -valora Stiven.

-Además, para mostrar en una nota al drogadicto ya están los otros medios -agrega Dalma Villalba .- Preferimos centrarnos en la actividad cultural, la urbanización, lo que pasó en el comedor, las preocupaciones de los delegados: cosas que a nadie más les interesan.

Lo más importante del proyecto, coinciden todos, es la formación de los chicos de las villas.

-Que un sábado a la mañana, un pibe prefiera ir a un taller en vez de quedarse durmiendo o estar en la esquina consumiendo es ganancia. Siempre. Aunque sea solo uno.

Los talleres se hacen todo el año y, a fin de año, en un grana asado en Villa Soldati se festeja: se cuentan las experiencias, se reparten los periódicos, se entregan los diplomas. En casa una de las menciones, está escrito el nombre del alumno, el nombre del taller y la frase que se atribuye a Galeano: "Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo".