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Viernes 29 de Abril de 2016

De sirios y villeros

El 11 de septiembre del 2011 cuando ocurrió el atentado contra las Torres Gemelas recuerdo la repercusión en la Villa 21 de Barracas. El horror del atentado estaba presente y el nombre de Osama Bin Laden...

  • Todos somos sirios.

Por Julio Zarza
Director de Mundo Sur


El 11 de septiembre del 2011 cuando ocurrió el atentado contra las Torres Gemelas recuerdo la repercusión en la Villa 21 de Barracas.
El horror del atentado estaba presente y el nombre de Osama Bin Laden empezó a sonar por todos lados. El terrorista más peligroso del mundo que se había metido con Estados Unidos. Tal vez por ese acto suicida, ese nombre se nos instaló en nuestras mentes (al menos con los que yo frecuentaba) y con ella  la denominación “Pakistaní”.
Los apodos no tardaron en llegar: “Bin Laden”, “Paquistaní” o “Talibán”.
¿Que hizo  que los personajes adoptados sean la de los terroristas? Los malos. Tal vez la mediatización, o tal vez el cine de Hollywood había anticipado que los “Pakistaníes” eran los malos. Algo estaba claro entre los  jóvenes, la semejanza, la familiarización era con Oriente y no con Occidente. Se le decía  “pakistaní” a una persona que consumía Paco o “Bin Laden” a una persona por su característica física, como aquel personaje de barba, turbante, morocho y sobre todo desarreglado. O “talibán” al que se pasaba de la raya. Algo en la Villa hacia que muchos se  identificaran con los malos, los rebeldes y terroristas que acababan de destruir las Torres Gemelas y amenazar al impenetrable Pentágono.

Murieron inocentes, fue doloroso, el mundo se paralizo muchos  representantes de varios países se hicieron eco del rechazo al terrorismo de aquel 11 de septiembre del 2001. Este año es muy recordado por los argentinos, fue la crisis del 2001.
Toda esta reflexión me hace ir unos años más atrás, a la época de mi escuela primaria en la escuela número 11 Republica de Haití, aproximadamente a mediados de los ochenta. En la escuela  jugábamos al policía y al ladrón. El juego consistía en que los policías debían atrapara a los ladrones y llevarlos a un espacio custodiado por otros policías (cárcel). El  único refugio de los ladrones era su hábitat,  una vez fuera de territorio se lo podía atrapar, y llevarlo a la cárcel, solo un ladrón podía liberar a otro ladrón. Todos queríamos ser ladrones,  era más divertido que ser policía.

Salvando las diferencias algo parecido a portar  pasaporte en la época del apartheid para circular fuera del gueto a la cual se opuso Nelson Mandela. Y que esto no era un juego o si lo era, era un juego macabro.

La guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay  y los anteriores  saqueos  en Latinoamérica externos e  internos en cada país es fomentado siempre por los grandes poderes económicos, verdaderos Piratas, fomentan  hasta hoy en día una división de clases. La dominación cultural sigue viendo a las víctimas como victimarios y responsabiliza a ellos como responsables de sus propias desgracias, mientras los saqueadores deciden qué hacer con los desechos.

Los golpes constantes sobre la herida duelen más y más hasta un momento que uno se vuelve inmune. Será por eso que los sobrenombres se los ponían con simpatía.

Migrar en busca de otra realidad llevando en el equipaje un doloroso desarraigo. Uno se convierte en refugiado en otro país, en otro idioma, en otra cultura en un mismo mundo.

No ha de extrañarse escuchar pronto por ahí denominar: “Sirio” a algún desarreglado, algún consumidor, algún rebelde, algún usurpador.

Hoy en Europa hay guetos, villas, asentamientos que se están formando por inmigrantes  que están escapando del desastre que trae los saqueos.  Recientemente me encontré con una periodista que está armando un documental para Francia que desconoce sobre villas y hoy se encuentra con grandes similitudes con los asentamientos formados por refugiados sirios.

Los grandes medios de  Europa reclaman solución para la problemática de la migración que desborda. Para esos guetos que afean sus hermosas ciudades. Y hoy los nuevos “sirios” les ocupan sus espacios y usan sus servicios.

Para los que nacen en crisis  y mueren en crisis hay cicatrices difíciles de cerrar. Como del atentado de ayer, la indiferencia de hoy, y del olvido mañana.