Martes 25 de Abril de 2017 -

Secciones Opciones
Contacto
Opinión
Sábado 31 de Enero de 2015

La Wiphala en el Corazón del Vaticano

La Cultura Indígena entra al Vaticano por la puerta grande. El fenómeno del Papa Francisco y la reivindicación de la cultura criolla en el mundo. El orgullo latinoamericano. Aquí inauguramos la columna de Carlos Caramello en Mundo Villa.

  • La Whipala en el Vaticano.

  • Carlos Caramello, escritor y pensador político.

Por Carlos Caramello*

“Sobre la tumba de San Pedro, debajo del baldaquino de Bernnini, tocamos con un grupo de sikuris. Y tocamos de pie. Entramos y salimos de pie, con la wiphala y nuestros sikus, erkes y quenas” dice Jorge “Tukuta” Gordillo, tilcareño orgulloso, defensor de la cuestión indígena, de la lucha de los pueblos originarios.
 Lo dice y llena de emoción la tarde de Tilcara, mientras el sol se esconde al oeste, tras montañas rojas, azules, amarillas, moradas, verdes… y la voz del cantor se mezcla con la flauta traversa que toca una jovencísima maimareña y el claro sonido de un chelo ejecutado por un porteño rubio con cara de niño prodigio que, asegura, aprendió a “portarse mal en la Quebrada”.
 Lo dice y explica, Tukuta, el rostro y el tono graves, como el discurso: “la Iglesia se ha jactado de haber protegido a la música de nuestros pueblos… Y de alguna manera es verdad, los protegió entre comillas. Llamaba a los músicos a participar en las procesiones, pero hasta ahí. Hasta la puerta de los templos, de las capillas”. 
 “Un día -sigue el relato- los sikuris, que bajaban de a miles, se juntaron con las autoridades locales de la Iglesia y le dijeron: Nosotros queremos entrar, queremos que nos bendigan y les dijeron: bueno, como no… pero tienen que entrar de rodillas e irse de rodillas y, aquellos que no puedan, deberán irse caminando hacia atrás, sin darle nunca la espalda al altar”.
 La historia, contada entre canción y canción, se justifica porque “Tukuta” acababa de tocar la Misa Criolla para el Papa Francisco y estaba orgulloso de haber metido a los sikuris de pie y con la wiphala presidiendo.
 Había dado el mejor discurso político… No para Francisco que, seguramente, descubrió (y hasta avaló) la “pillería”. 
 El discurso era para la estructura más conservadora de la Santa Madre Iglesia. Para la de Roma y para la de por acá. 
 El discurso era, también, para los descendientes de aquellos españoles que ya mordieron el polvo en los días del Éxodo Jujeño y de la Batalla de Tucumán.
 El discurso era para los que creen que la“wiphala”, la bandera de los pueblos originarios es sólo una bella combinación de cuadros de colores y no saben que cada color quiere decir “algo” y que esa formación de siete colores del arco iris, “es el reflejo cósmico que representa a la organización del sistema comunitario y armónico de los Qhishwa-Aymara”.
 No lo saben y acaso tampoco lo sabrán después de que sobre la tumba de San Pedro, debajo del baldaquino de Bernnini, en el centro exacto del corazón de mundo católico, flameó la wiphala y  sonaron los sikus.
 Pasó. Y para los que sabemos, más que un discurso político fue un grito.
 
 * Lic en Letras, escritor y pensador político.
Twitter: @caramellocumpa